ASTRONOMÍA DESDE EL GINECEO. HIPATIA DE ALEJANDRÍA


La astronomía ha sido un ámbito que ha generado gran interés en el ser humano, tanto por sus principios físicos como por sus tantas y dispares teorías místicas y con significados religiosos. El Universo, ese gran gigante que nos rodea y nos hace vivir, es el principal objetivo de científicos, astrofísicos y filósofos para resolver las preguntas que siempre nos hacemos: ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?, ¿cuál es su principio y cuál es su fin?, ¿cuál es su causa?, y, sobre todo, ¿por qué?


Encontramos evidencias de su estudio en los primeros humanos que dejaron constancia de su gran apuesta por descubrir este gigante tan desconcertante. Debemos remontarnos al principio de nuestra Edad del Bronce, cuando un poblado situado en Wiltshire (Inglaterra), elabora ese tan conocido monumento considerado hoy Patrimonio de la Humanidad: el Crómlech de Stonehenge. De este monumento megalítico se han hecho diversos estudios sobre sus posibles funciones, entre ellas las más aceptadas han sido: su función como posible altar para rendirle culto a los miembros del grupo fallecidos, y, el que nos interesa, su función como observatorio astronómico. Hablamos de un monumento datado hacia el año 3.100 a.C., por lo que no podemos decir que nuestra curiosidad por el universo y sus causas sea moderna.


Si seguimos las huellas que van dejando nuestros antepasados a lo largo de la historia, descubrimos que ese interés sigue latente, incluso llega a convertirse en el tema principal de los primeros filósofos y científicos, aquellos presocráticos situados en Grecia hacia el siglo VII a.C., cuando Tales de Mileto (considerado el primer filósofo de la historia), no dejaba de observar el cielo para darle explicación a todos aquellos fenómenos que no tenían respuesta. En este gran sendero de la filosofía, podemos leer grandes fuentes de personajes como Platón y Aristóteles, educados por Sócrates, tres hombres que dedicaron su vida al estudio del Cosmos y sus posibles conexiones con la naturaleza humana. Pero ¿y las mujeres?, ¿es la astronomía un tema que no haya despertado el interés entre nosotras? Al contrario, si bosquejamos entre las fuentes de grandes pensadoras e ilustres en la materia, concluiremos que, además de Tales o Platón, hubo mujeres que desde los comienzos en el desarrollo de las ciencias se entusiasmaron por la temática e hicieron grandes estudios sobre astronomía, astrología y ciencias de la naturaleza en general.

El gineceo, ese habitáculo de los hogares de la Grecia clásica, era la estancia destinada solamente a mujeres, donde realizaban labores de costura, del hogar, y donde mantenían charlas sobre los más variopintos temas. La cultura patriarcal se hacía presente por aquellas fechas, por lo que desde el gineceo muchas mujeres se atrevían a entablar debates sobre la sociedad, los intereses políticos y también, sobre astronomía. La mujer que destacó en aquella época y que nos ha dejado un gran legado fue la filósofa y astrónoma Hipatia de Alejandría (s. IV), perteneciente a la escuela neoplatónica, destacó por ser la primera mujer dedicada a las ciencias y a una vida de reflexión sobre las leyes de la naturaleza y los astros.


Esta científica destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía, llegando a convertirse en miembro y directora de la Escuela Neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V. Entre sus trabajos más destacados, sobresalen sus mejoras en el diseño del astrolabio, un antiguo instrumento astronómico que sirve para determinar la posición y la altura de las estrellas sobre el cielo, los griegos lo consideraban como “el buscador de estrellas”; inventó un instrumento de medición denominado densímetro, que sirve para determinar la densidad relativa de los líquidos sin necesidad de calcular antes su masa, conductividad y temperatura, y por ello se la considera pionera en la historia de las mujeres en la ciencia. Sus obras no se han conservado, pero sabemos que existieron por la labor de transmisión de sus discípulos Sinesio de Cirene o Hesiquio de Alejandría, destaca su labor comentarista dentro del campo de la filosofía: “Comentario a la Aritmética en 14 libros de Diofanto de Alejandría”; “Comentario a las Secciones cónicas de Apolonio de Perga”; la elaboración de un canon astronómico y la elaboración de Tablas astronómicas, en las que se incluye la revisión que hizo a las tablas del astrónomo Claudio Tolomeo. Además de dedicar su vida a la astronomía, sabemos que Hipatia fue fiel a la corriente del paganismo y estuvo en contra de los abusos del poder religioso, en pleno auge del catolicismo teodosiano en el Estado romano, por lo que se ganó cierto desprestigio entre los dirigentes religiosos. Su final trágico llegó de la mano de un grupo de fanáticos cristianos, quienes la llevaron amordazada al Cesáreo (templo egipcio erigido por Cleopatra en el s. I a.C.), donde le dieron muerte al ser considerada bruja y un peligro para la sociedad.


Gracias a Hipatia podemos decir que la astronomía se abrió paso entre aquellas mujeres condenadas a pasar sus días en sus gineceos, sin poder dejar un legado cultural tan importante como el de Hipatia. Sus conocimientos fueron de gran interés entre los neoplatónicos pero también en escuelas filosóficas posteriores, siendo un referente para el resto de las mujeres que como ella, dejaron un gran legado en materia astronómica: Carolina Herschel, Henrietta Swan Leavitt, Teresa Lago, María Cunitz, incluso a raíz de su conocimiento, sabemos que anterior a Hipatia existió otra mujer astrónoma en Grecia llamada Aglaonice de Tesalia (s. I-II a.C.), considerada bruja por ser la primera mujer en predecir los eclipses de luna.


La figura de Hipatia ha servido para dar nombre a varios cuerpos celestes que, como tantos otros cuerpos del Universo, nos acompañan en nuestro viaje. Uno de ellos es el asteroide Hypatia, descubierto en 1884; en 2013 se descubrió un cometa que colisionó en la Tierra hace 28 millones de años y que recibe su nombre; y, un poco más cercano a nosotros, en la superficie lunar, tenemos un cráter situado en los 4,3°S y 22,6°E del meridiano lunar que lleva su nombre, además de un sistema de canales de 180 km llamado Rimae Hypatia, a lo largo del Mare Tranquilitas.



*Texto originalmente publicado en Revista Analemma, Asociación Astronómica de Burgos. En http://www.astroburgos.org/publicaciones/divulgacion/hipatia-de-alejandria/



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