CINE Y FILOSOFÍA. Una reflexión de las relaciones humanas con la IA desde My Holo Love

Escrito por Esther Sánchez


No me he alarmado, ni siquiera un poco o tratando de fingir, cuando he respondido la pregunta ‘¿Sería usted capaz de enamorarse de un asistente virtual? Podría, sí, ¡claro que podría hacerlo! Hay algo que me ha asustado y es que, si se cumplieran determinadas condiciones que más adelante detallaré, estaría encantada de vivenciar una experiencia de esas características. Se trata, claro está, de una afirmación que es incómoda evidencia, pues reabre el debate acerca de las diferentes nociones de soledad -dañinas buena parte de ellas- y reflexiona sobre el lugar -si es que lo hay- del ser humano en el ser humano. Nuestra relación con las nuevas tecnologías es un campo que debe ser transitado con cautela.


Antes de lanzarme a desentrañar la cuestión que compete, me gustaría aclarar que exprese lo que exprese, estoy haciéndolo desde el terreno de las hipótesis. Y lo hipotético no pocas veces se parece a las arenas movedizas. No van a encontrar aquí verdades incuestionables, ni lo irrefutable; simplemente reflexiono a tenor de una serie que me atrapó y me obligó a reflexionar desde los interesantes ‘¿Y si …?’. Toda esta serie de elucubraciones sobrevino –¡y de qué manera!- al descubrir una serie surcoreana más, pues desde hace un tiempo me he visto arrastrada por la vorágine de este tipo de filmaciones. My Holo Love es, sin lugar a dudas, la responsable de haber desnudado mi humanidad para descubrirla ansiosa de otros mundos. Y mi soledad para ser completada por algo que se ajuste y no dañe.


My Holo Love se estrenó el pasado 2.020 y está disponible, como no podía ser de otro modo, en la archiconocida plataforma Netflix. Si uno toma asiento en el sofá y lo hace junto a las ganas de pensar, My Holo Love se lanza a ahondar en realidades tal vez venideras desde un enfoque muy certero. No creo estar desvelando ningún secreto si afirmo con contundencia la sensibilidad y tino de las producciones de Corea del Sur. Saben bucear donde hay que bucear, sobre todo en las cuestiones que dificultan el proceso de digestión. De manera más o menos explícita, romántica o sangrienta, desnudan la condición humana para someterla a crítica. Y el látigo nunca es indulgente. Ardores de estómago y sueños pesados. Mucho más allá de la hermosa galería de la belleza de lo que es idolatrado -de las maravillas de la industria de la moda y la cosmética-, los detalles se cuidan. El pudor se respeta en no pocos casos, pero la caída siempre es picado y el porrazo audible en cualquier lugar del mundo.

My Holo Love me conquistó en los primeros cinco minutos y sé que es porque vi una especie de reflejo mío en la mirada de la protagonista: Han So-yeon. Una de mis virtudes -o defectos- es sentirme identificada con algún personaje hasta el punto de creer que formó parte de la historia a la que asisto desde la categoría de mera espectadora. So-yeon, que comparte edad conmigo, es una chica retraída y muy trabajadora. Y del carácter tímido llegamos a la dolorosa soledad. Es responsable de marketing en una empresa dedicada a las gafas, en una empresa en la que nunca llega a sentirme cómoda. Lo diferente, lo atípico.


Contamos con otros dos curiosos personajes: Nan-do y holo. El primero es el duelo de GIO LAB, una empresa tecnológica dedicada a la investigación en proyectos relacionados con inteligencia artificial. ¿Qué hay de Holo? Eso se preguntan los lectores llegado este punto. Holo es el último y ambicioso proyecto de GIO LAB: un asistente personal en formato holográfico, algo totalmente novedoso en ese momento. Para poder ver a Holo, cuyo aspecto es totalmente antropomórfico, es necesario hacerlo a través de un cristal diseñado tecnológicamente, con el que han creado unas sencillas gafas, en la línea de las ya existentes.


El formato holograma no es tangible, pero supera a los robots y androides. No se puede tocar, no obstante, su aspecto es tan humano que es difícil discernir. Su lenguaje es natural y el diseño tan detallado que proyecta sombra y la persona es capaz de ver su aliento. Ha superado el test de Turing, no puede mentir y trabaja única y exclusivamente para la felicidad de su dueño o dueña. Es ahora cuando comienzan a abrirse las sendas que llevan a los interrogantes, reflexiones y deseos. No pocos de nosotros querríamos tener un acompañante de estas características: servicial, siempre a nuestro lado e incapaz de mentirnos. Dispuesto a cualquier tarea, programado para adaptarse a la persona a la que acompaña. Todas estas son las características que tienden a propiciar el enamoramiento. Necesitamos sentir lejos la soledad y del mismo modo, ser escuchados. En los tiempos que corren, ésos de la huida y la soledad, de la falta de oídos que escuchen y bocas que nos hablen. Una época en la que ostentamos la misma categoría que cualquier otra mercancía, días en los que somos cambiados por otros que brindan mayores beneficios.


Tanto las sociedades occidentales como las asiáticas acarrean, de un modo u otro, un importante problema que gira en torno a la soledad. Para los occidentales, la soledad es casi un trastorno mental, una realidad que se etiqueta cercana a la enfermedad. La soledad es tabú, no se puede tocar ni cuestionar. El solitario es un enfermo, aquejado de una suerte de peste incómoda de la que hay que huir. La consideración de la soledad es siempre negativa y tendemos a esquivar al precio que sea, a saber, relaciones que no satisfacen a ninguna de las partes [condenan], incapacidad de decir no, consumo de alcohol y otros estupefacientes y dolencias mentales. La aceptación de la soledad en algunos países asiáticos parece erigirse como antagonista a la nuestra, aunque ya no sé hasta qué punto, porque también apuñala y cercena. La soledad duele aquí o allá, en oriente u occidente. La soledad hunde y lacera. En la literatura japonesa, por citar un ejemplo, no se suele hablar de la soledad desde un enfoque victimista, no obstante, se trata de una sociedad que acarrea graves problemas en relación a ello.


Mi relación con Corea del Sur es puramente cinematográfica -algo literaria también-pero, al fin y al cabo, el cine es una representación cultural como otra cualquiera y es buena muestra de los usos sociales. En My Holo Love el problema de la soledad es tan acuciante, que lo han reflexionado desde nuestra interacción con la tecnología. Tal vez el progreso de ésta rompa con nuestros pesares y la necesidad de ser escuchados.

 

(Ilustración: Natalia Camilo)

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