EDICIÓN ESPECIAL. DÍA INTERNACIONAL DE LA SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO PALESTINO

Edición especial desde el Colectivo Filopóiesis que cuenta con escritos de tres autores; Luis Zaror, Miguel Herrera y Ricardo Meruane. Y el diseño de la imagen y fotografía es obra de Natalia Camilo.



(Fotografía: Natalia Camilo)

 

PRIMERA PARTE (LUIS ZAROR)


Luis Zaror es Tecnólogo Médico Máster y Doctor en Ciencias, Micólogo, tiene numerosas publicaciones en revistas científicas y libros de su especialidad. Ex director del Instituto Microbiología Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile y ex director de la Escuela de Tecnología Médica de la Universidad Austral de Chile. A cargo del Laboratorio de Micología, UACH; es creador y por 10 años director del Laboratorio de Hantavirus. Ha participado como conferencista en más de cien ocasiones. Fue concejal de Valdivia en dos períodos, es parte del Directorio de la Corporación Cultural de la ciudad.


Miembro fundador del GRUPO DE POESÍA TRILCE, y Revista de Poesía TRILCE, 1964. Su poesía forma parte de: Antología, Grupo Trilce, 1964; Poesía Chilena, 1960-1966; Doce poetas chilenos de origen árabe, edición bilingüe, Egipto, 1993; Poesía universitaria de Valdivia, Antología, 2000. Recientemente, 2021, aparece en la antología "LA FRAGANCIA DE LAS OLIVAS” (antología de poesía por Palestina) editada en Ecuador, que reúne a poetas de ascendencia palestina y otras nacionalidades árabes. Ha publicado: Primer diálogo, 1988; Archipiélago de palabras, 1991; Fractales, 1995; Candil, 2000; Búsqueda, 2001; Judas siempre está dentro, 2011; El octavo día de la creación, 2019 y Alféizar de la memoria, 2020. Algunos libros esperando ser editados.


Recuerda haber comenzado a escribir a los 11 años. Su madre decía que antes de nacer, una adivina le dijo que iba a tener un hijo poeta y él dice, que escribe para que sea cierto. No participa en concursos de poesía, no pertenece a cofradías ideológicas, no contrata periodistas para comentar sus libros.




INVASIÓN EN PALESTINA

En Palestina

el invasor destruye la casa de mi abuelo.

Olvida que la sangre de mártires es semilla de discípulos.

Que el alma de un pueblo

no se destruye con bulldosers.

Allí están concentrados contra mis paisanos

los cuatro puntos cardinales de la invasión,

los cuatro ángulos de la svástica racista,

las cuatro estaciones de la codicia.

Si es cierto que Jehová es justiciero

volverá su espada de venganza contra ellos.

Yo, me quedo con mi Dios de alegría y perdón.

Un día volveré abuelo.

Construiremos una frontera de olivares.

Plantaré en el jardín de tu casa las uvas

y con el vino, el judío nuevo aprenderá

que es posible vivir en paz.

(En Archipiélago de palabras, 1991)

 

POR LAS CALLES DE BELÉN


Te fui buscando

por las calles de Belén.

Algunos dijeron

que antiguos parientes

emigraron a aldeas cercanas de allí.


Las aldeas no existen,

las borraron

para escribir una nueva historia.

Los almendros y los naranjos siguen ahí.

Me dijeron que los turcos,

los ingleses, los franceses y los judíos

te empujaron hacia el mar,

El barco que te trajo

Se desgranó en Italia y Honduras.

Alguien,

tal vez, te dijo

que aquí funciona

“el asilo contra la opresión “.

Los almendros y los naranjos

siguen floreciendo en Palestina.

14-05-2020

 

PREGUNTAS AL ABUELO


Cuando subiste al barco

y volviste la vista hacia atrás,

¿sabías que no volverías nunca más?

¿En un rincón de tu maleta

llevabas fotos de tus padres y tus hermanos

y de la casa de Belén?

¿Sabías algo de castellano?

¿Traías una carta

para algún paisano conocido?

¿Dejaste alguna novia esperándote

y tus iniciales en un almendro?

Perdiste el antebrazo

peleando por causas que no eran tuyas.

¿Con tu brazo amputado,

qué sabías hacer?

¿Era Carlos, tu nombre verdadero o Jalil

o aquí te lo cambiaron?

05-06-2020

 


INVENTANDO LA HISTORIA


Una vez

que los violadores asesinaron,

se robaron todo,

las joyas y el oro,

todo para el arca de la alianza,

venían del holocausto

con sed de sangre.

Y perfeccionaron la solución final.

Los judíos del otro lado del mar

esperaban su tajada.

Demolían las casas.

Los sueños siguen vivos.

Quisieron inventar historias.

Negar, donde existía la historia

para judaizar Palestina.

Así fue la jugada de ajedrez de Tantura.

Donde crecen

los olivares y los almendros

hubo una aldea Palestina.

Donde crecen las higueras, los cactus y los naranjos

hubo otra aldea Palestina.

Las raíces profundas

siempre vuelven a surgir.

15-04-2020

 

POEMAS QUE NO SE HAN DEJADO NOMBRAR


Hijo del desierto

cabalgué el mar.

Dispersos,

nada nos detiene.

Pusimos a América

nuestra señal. (en nuestra brújula)

Con nuestro trabajo

la hicimos crecer.

09-04-2020

 

Si vas a Belén

pregunta por Zaror.

Te dirán

que no vive ahí.

Que el Sunco

partió en un barco

hacia América del Sur.

La ola borró el camino

que dibujo la hélice en el mar.

No pudo retornar.

 

Cruzaron el mediterráneo

en busca del paraíso.

La neblina oculta el paisaje,

el hambre estrecha los límites

y la mirada la frontera.

Unos viajaron al fondo,

a territorios sin sueños.

Otros llegaron a las playas del destino.

Unos guardias les dijeron:

que no podían pasar.

¿y dónde queda el bien común

y la solidaridad?

A mi no me diga eso replicó el guardia.

Las fronteras del paraíso existen.

01-10-2020

 

El exilio

es un álbum de intimidades

que te quisieron quitar.

No te dejaron,

ni siquiera,

sentarte en la maleta

como manda la tradición.

Acumulaste imágenes

para hacer menos duras

las horas

de la ausencia (exilio).

La patria

irá siempre contigo.

No te la pueden quitar

12-04-2021

 

SEGUNDA PARTE (RICARDO MERUANE)


Ricardo Meruane es humorista, ironista y satírico. Casi 40 años de carrera, creador de sus propios textos y de varios café- concert como Fotocopia Feliz del Edén (1984), La Viroca (1988), Prejuicio Final (1998), Lucrania(2015), Hay Que Entrar. Picar (2019).

Invitado permanente a todos los estelares de TV y a Sábado Gigante Internacional en Miami.

Entre sus personajes están, Meruanín candidato 1984, la Roxxxy, triple x y el profesor Martín Gala, erudito que contestaba consultas de los televidentes.

Siempre aportando, en IG @meruanews.




PALESTINOS


Turco. Uno crece con ese apelativo, te lo decían en el colegio, en el barrio, a mi hermano mayor le decían igual y debo reconocer que lo encontraba simpático, no lo encontraba ofensivo, dejó de ser simpático hasta saber que nos llamaban así porque el pasaporte que portaban mis antepasados era del imperio otomano, que en esos años aún dominaba Palestina.


Si hay una palabra que sintetice la idiosincrasia de un pueblo y lo muestre en su total dimensión, en las distintas áreas en las que se manifiesta, en el caso de los árabes sería: intensidad, pasión, ambición en el buen sentido; qué más intenso que una algarabía (lengua árabe), gritería confusa de gente que habla a un tiempo.


Aunque por lo general a los árabes se los asocia al comercio, su presencia ha estado en casi todas las áreas del quehacer humano, en el arte, las ciencias, las matemáticas, medicina, astronomía, poesía etc.


Como hijo de inmigrante palestino, mi infancia estuvo rodeada de mucha gente, vivíamos en una tremenda casa en La Reina, ahí mismo se habían casado mis papás en 1939. La casa tenía un torreón, un tercer piso que por más de setenta años fue lo más alto de la comuna.


Era casa esquina, en esos años rodeada de sitios eriazos, en otra esquina de la misma manzana, estaba la casa de mi abuela, una tremenda casa quinta. Si se pudiera elegir un momento de la vida al que se pudiera volver, pagaría por volver solo cinco minutos a la navidad en la casa de mi abuela, cuando llegaban mis tíos y mis primos de San Felipe y Los Andes; todos dueños de tiendas llegaban con cajas de regalos que se sumaban a los que ya habíamos recibido en la víspera.


Correteando entre los árboles, entre el humo del cordero al palo, subiéndose a la casa arriba de un palto, poniéndole trampas a los pájaros, molestando a mi tía Ester con petardos chinos, después de almorzar bajo una enorme morera, a seguir correteando.


La casa de mi abuela materna era como ir al museo, al igual que mi casa, con grandes galerías vidriadas y habitaciones tremendas de gran altura.


Mi abuela compraba todas las revistas que se publicaban, cuando digo todas, eran todas. En los live veía las fotos de Vietnam, la Ercilla con el chiste Sucede de Hervi en la última página. La revista Vea era policial, que decir de la colección del Reader`s Digest, asiduo lector de la sección La Risa Remedio Infalible y Humorismo Militar, esta sección curiosamente dejó de salir después de 1973. Mi tía Ester coleccionaba las revistas del corazón, el Ecran, Para Ti, Cine Amor.


Cuando me presento ante paisanos, hago referencia a mi infancia y cuento que cuando niño no tuve caballito de palo, mi caballito era el metro de madera de Manufacturas Sumar con las puntas de bronce, el corral era una caja de hilados Rayón Said. Mi papá era cazador y como buen cazador, menos de 40 tórtolas era una cantidad indigna, sobre 120 era aceptable, de ahí que una imagen imborrable era ver a mi mamá desplumando tórtolas, para ser preparadas en todas sus formas, escabechadas, rellenas, arvejadas, en sopa etc. Qué decir de los plumones, las almohadas, las colchas, hechas con las plumas; el pájaro aprovechado en su totalidad.


No recuerdo haber visto a mi papá sentado a una mesa vacía, siempre había algo para picar, aceitunas, maní, castañas en invierno, piñones, algún pescado ahumado, pickles. Lo más apetecido y exótico de la comida árabe son los rellenos de hojas de parra, mi mamá empezaba el día viernes a preparar el almuerzo del domingo, enormes ollas de rellenos, más las berenjenas, los zapallitos, las tripas de cordero, el repollo, los pimentones. Casi todo lo anterior se compraba en verdulerías, menos las hojas de parra. Yo conocía varios parrones del barrio, vecinos generosos nos daban las hojas para preparar los rellenos, no cualquier hoja, hoja lisa sin pelos de preferencia las nuevas.


Varias veces le pedí a mi papá que me llevara de cacería, pero él se rehusaba. Hasta que un dia me llevó, debo haber tenido unos siete u ocho años. Me recuerdo maldiciendo en una fría mañana, sentado bajo un espino con los pies húmedos porque al ir a buscar una tórtola que había caído en una acequia, se me salió el bototo y metí el pie al agua, calentándome los pies con los pájaros recién cazados. Para nunca más.


Otra afición dentro de la colonia es el juego, de niño escuché de algunos paisanos que habían perdido todo en el casino. Todo: auto, casa, fábrica. En mi imaginación yo me preguntaba cómo llevó la fábrica al casino o cómo llevó la casa. No sabía que en el casino andaban prestamistas dispuestos a resolver cualquier problema de falta de recursos. Muchos salían literalmente en la ruina, ni para el taxi Ortacol, el taxi colectivo que salía de la estación Mapocho.


Nunca me atrajo el juego, no sé si sería por esa imagen de los amigos de mi papá jugando concentrados a los que tenía que servirles café, cuando como a los trece o catorce años, llegando de alguna fiesta lo más silencioso que se pudiera para no escuchar ese grito - ¡¿quién anda ahí?! - Yo papá… ¿Café?. No podía ser Nescafé no, café café, hecho sobre el agua fría, al que hay que vigilar que no se suba, Uno entraba con la bandeja al comedor lleno de humo y los veía a todos como estatuas, “Hola tío”, de vuelta escuchabas una especie de gruñido que se entendía como saludo.


Todos mis hermanos y yo también, trabajamos en la fábrica de mi papá, tuve que acarrear cajas con conos de hilados, de mi casa a la fábrica que estaba a una cuadra y media, a veces las acarreaba a pulso y otras en carretilla, de vuelta me traía las piezas de género, me venía mirándome los zapatos, totalmente tapado por las telas. De ahí había que deshilacharlas con una tijera chica con las puntas hacia arriba. Por los dos lados, después había que medirlas y hacer la guía para la tintorería. Todos los hermanos hicimos eso. Los hombres además trabajamos en la fábrica, en la canetera, cargando las coneras para los polines con hilados, etc. Yo iba a dejar paquetes al centro de Santiago y a Rancagua como a los 12 0 13 años.


La relación con los operarios (no eran obreros), era muy familiar, varios de ellos llevaban más de 25 o 30 años con mi papá. Recuerdo haber ido con ellos a una concentración de Allende candidato. A uno de los operarios mi papá lo convenció de hacerse empleado particular lo que en la época era ascender notoriamente en la escala social. Muchos años después, los hijos de este operario, varios profesionales y otros radicados en el extranjero, hicieron una comida en el restorán que estaba en nuestra casa familiar El Refrán, le besaban las manos a mi madre en agradecimiento.


En el plano industrial el aporte de la colonia palestina ha sido enorme, nombres como Yarur, Sumar, Hirmas, Said, las mismas Sederías Suiza que eran de mi papá y mi tío.


Visionarios, esas fábricas contaban con villas para los operarios, consultorio médico, club deportivo, guardería, jardín infantil. Textil Yarur, después llamada Machasa fue un ejemplo de industria textil, el monumento de Jorge Yarur que estaba a la entrada de la fábrica, lo hicieron los operarios.


En lo personal, yo le atribuyo gran parte de mi oficio de humorista a la ironía de mis tíos y de algunos primos mayores, a haber sido “víctima” de las bromas de mi hermano mayor, al hecho de ser integrante de un familión, con diversidad de caracteres, de escuchar historias de paisanos viejos, de estar atento a lo que se habla en medio de la algarabía, de vivir en un caserón con muchos y grandes espacios, largas galerías vidriadas, buhardillas, terrazas, gallinero.


El conflicto palestino israelí y todos sus flancos, más allá de la ocupación, la deformación y desinformación del conflicto, la manipulación grosera y mañosa de los conceptos, el hacernos creer que anti- sionista es igual que antisemita, provoca entre los palestinos residentes una irritación e impotencia al ver que la solución se ve lejana.


Yo contaba que árabes e israelíes tenemos una contradicción vital, ambos somos antisemitas.

De los aportes al lenguaje, sabido es que todas las palabras que empiezan con el prefijo al, vienen del árabe, almuerzo, alcachofa, alféizar, almud, álgebra, almohada etc. Mi papá contaba que explicándole a un amigo está particularidad, éste que era muy bromista; le habría preguntado, ¿Y al seco, también viene del árabe?


Noviembre 2021

 

TERCERA PARTE (MIGUEL HERRERA)


Miguel Herrera es educador popular y miembro fundador de Filopóiesis.



PALESTINA NO ME HA SIDO ESQUIVA


Recuerdo cuando niño como mi tío político (mi figura paterna hasta ese momento) hinchaba por el equipo de sus amores, Audax Italiano. Fue ese mi primer acercamiento con la realidad de las colonias extranjeras en nuestro país. No demoré mucho en preguntar por otros equipos y otras colonias y entre ellas apareció el nombre de Palestino. Un equipo pequeño y que tenía su cancha en una comuna muy próxima al lugar que en esos momentos habitaba. Conocí la realidad de este pueblo a partir de esta experiencia futbolera. Avanzada la edad comencé a escuchar música rock que hacía alusión a la intifada, a euskal herria y a tantos pueblos disminuidos por la prepotencia de los Estado-Nación. Mi curiosidad comenzó a estallar y las preguntas incómodas que no hallaban respuesta en las bocas de mis cercanos comenzaron a ser un lugar común dentro de mis reflexiones ¿Dónde quedaba Palestina? ¿Por qué un equipo de fútbol y sus hinchas defienden con tal ahínco a esta comunidad? ¿a qué se refieren cuando escuchaba las palabras al nakba, intifada, olp e incluso Yasser Arafat?


Corrieron los años y llegaron los tiempos del amor ignorante y de la fuerza de la juventud. La madre de esa mujer que décadas después se convertiría en un recuerdo y la madre de mi hijo, traía nuevamente los aires de un pueblo arrastrado por la desgracia de las guerras nacionales. Ella ya no estaba y todo lo que pueda dar cuenta es solo la memoria de su hija que comenzó a ocupar parte de la mía. El amor que para mí trasciende la vida de los seres humanos comenzó a abarcar el recuerdo de esta mujer a la que en vida pude haber llegado a nombrar como “suegra”. Anhelé poder haber compartido tardes de conversación y discusión política con ella, pero no tanto, porque su hija era su mensajera, era su voz y su memoria, era ella en su versión millennial.


Nunca la conocí, llegué tarde para ello. Solo me acercan a esta persona los relatos de su hija, la memoria porfiada que no deja de estar presente en su única hija, su sueño porfiadamente anhelado.


Solo sé que vivió con su madre y con su hija, solas. Que la dictadura exoneró su profesión amada, la de educar al pueblo pobre con infructuoso anhelo. Y es que en esta última frase la palabra exonerado me suena tan brutal como la palabra “diáspora”, “exilio” o “intifada”. Una enfermedad la acompañó desde los días de la maldición militar, pero aun así no dejaba de salir a la calle durante los días de miedo para sumar rabia y descontento, a pesar de saberse sola, de saberse enferma, de saberse paria en una tierra no propia, en una casa no propia y en una profesión negada.


“La amada de Dios” la nombraron y curiosamente su nombre proviene de la variante hebrea del nombre Maria. Los mismos hebreos que habitaron las regiones de Palestina desde donde arrancaron tu raíz para depositarla en estas tierras australes. Esa Palestina desde donde proviene tu larga cola de anteriores que aún resisten los avatares de la prepotencia política de un pueblo que sabe de exterminios y diásporas.


Dicen que las estatuas se levantan para que el olvido no logre derribar la presencia limitada de nuestro pasar por estas tierras humanas y yo te levantaría una gran estatua como la de la diosa afrodita, amada, bella y respetada por todos y todas, una estatua universal, una octava maravilla oculta entre nuestros corazones, para recordarte cada vez que la institucionalidad me niega eso que busqué por largos años sin entender porque sus cabezas negadas decían que ese espacio no era para mí. Haría de tu vida mundana y festiva el ejemplo de todo profesor que lleve ese título pegado al corazón como una tarea siempre inacabada, como una vocación en donde no caben las retribuciones monetarias sino la mirada profunda de un ser que no puede expresar agradecimiento solo con la palabra.


No es mi intención hablar de alguien a quien no conocí, que patudez diría cualquiera, incluso yo. Pero ¿cómo callar tu belleza rebelde Miriam? Es curioso hablar de alguien que no se conoce pero que se siente tan presente en el cotidiano y tras la mirada de tu nieto. Es difícil entender tanta crueldad existente en una realidad a ojos vista de todos, seguir comprendiendo que tu Miriam, sigues siendo una hija lejana de esa Palestina que conocemos tras la nube de bombas y kibutz, que parece un recuerdo, pero es una infancia, un despojo, un irse a otro lado sin siquiera conocer las razones.


A través de ti conocí a todo un clan que había emigrado a estas latitudes, supe de la historia de actrices, escritoras , científicas y profesores que han forjado el alma y la identidad de estas tierras champurrias y me di cuenta que la bondad no es una palabra que se diga al aire, que la solidaridad cuando se sufre la violación de sus propios derechos es una obligación humana y que sin ti y tu rebeldía yo hoy no podría hablarle con tanta propiedad a tu nieto, de esta historia, de este pueblo de sabiduría incipiente, de la belleza de su palabra y experiencia y de su responsabilidad hacia el futuro de recordar por siempre que hay un pueblo que ha sido por décadas aplastado bajo la bota militar, pero que no cesa en su voluntad de no morir.


Siempre pensé que algún día seria mi deber escribirte unas letras, expresar públicamente eso que he sentido desde que te conocí en boca de tu hija y este es, sin duda, el momento apropiado. Porque tu ejemplo fue la solidaridad más allá de la propia conveniencia y porque tu recuerdo y mi respeto es lo único que le puedo dejar a mi hijo. Para que nunca se vista de ese manto de aporofobia y xenofobia que ronda las esquinas en estos días, para que su voz de niño sepa lo que significa la palabra Solidaridad, para que Said mañana empuñe orgulloso la bandera de ese pueblo maltratado llamado Palestina y cuya sangre corre por sus venas felices e inocentes de tanta violencia política y religión cegada de amor.


Y parece esto una despedida Miriam. ¿y qué quieres que te diga? si la errancia y la libertad son anhelos de no pocos, Me permito una última afirmación en tu nombre Miriam: si por esas cosas de la vida, el día de mañana el mundo que llevamos dentro de nuestros corazones comienza a hacerse realidad, en ese preciso momento y en esa misma fiesta en donde todos bailamos, tú también estarás bailando junto a nosotres.


Noviembre 2021

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