LA CONQUISTA Y EL SILENCIO COMO ACTO DE LENGUAJE

Sirio López Velasco

Universidad Federal de Río Grande. Brasil

(jubilado en 2019)

Quien calla no otorga.

Los ausentes tienen su razón.


1. En español existen dos dichos de aceptación generalizada: “Quien calla otorga” y “Los ausentes nunca tienen razón”. El supuesto que los respalda es el siguiente: que toda persona puede acceder igualitariamente al espacio comunitario de comunicación donde se conceptualicen o debatan cuestiones que la afectan.

Siendo esto así, aquel que no quiere hacer oír su voz o hacerse presente en los debates de la comunidad de comunicación está renunciando a un derecho, que es el de hacer valer su punto de vista sobre el tema en debate; y esta renuncia equivale a dar razón a los que han ejercido su derecho a la interacción discursiva; y esto incluso cuando el resultado del debate sea opuesto o perjudicial al punto de vista o intereses del que ha callado o ha estado ausente.

Así, el silencio y la abstención (por ausencia) durante o respecto de los debates comunitarios es interpretado como un otorgar razón a los que han hecho prevalecer un punto de vista en éstos y, aún, como una obligación de adhesión para con éste.

Lo interesante es que esta interpretación del silencio y la abstención perteneciente a la competencia comunicativa de los hispanohablantes ‘de la calle’ no es contrariada críticamente por la filosofía del lenguaje ordinario. En los filósofos contemporáneos que han dedicado especial atención al lenguaje natural (y nos referimos en particular a John L. Austin y Jürgen Habermas) es también notable que el silencio y la abstención (esta vez considerada en su forma ‘in praesentia’) sean, ora caracterizados como Acto de Lenguaje ora no, ora como ‘recurso alternativo a un performativo’ ora como accidente o momento provisorio del comportamiento comunicativo de un hablante en situación dialogal.

Por nuestra parte defendemos la tesis de que, en América Latina, después de la Conquista y para el indígena latinoamericano en su relación comunicativa respecto del blanco (de la “comunidad blanca de comunicación”) el silencio y la abstención (‘in praesentia’ o ‘in absentia’) constituyen una postura comunicacional (y no un accidente o momento provisorio-pasajero) y un acto lingüístico pleno dotado de una fuerza ilocucionaria precisa.

2. Veamos primero cómo Austin y Habermas tratan del silencio y de la abstención.

Considero que es un mérito de Austin el haber indicado por lo menos en principio la sospecha de que el Silencio equivalga al ‘otorgar’. En efecto, dice Austin: “Siempre ha habido dudas acerca de la posibilidad del consentimiento tácito”[1]; y luego repite; “Surgen dificultades… acerca del acto de dar consentimiento tácito a algún acuerdo o de prometer tácitamente”[2].

No obstante, vacila Austin en el momento de caracterizar lingüísticamente al Silencio. Primero nos dice: “…el comportamiento no verbal se da como una forma alternativa del acto realizativo”[3] pero/y luego deja implícito, y por restricción, que el Silencio podría constituir un acto ilocucionario como tal al afirmar: “…queda en pie el hecho de que muchos [N.B. es decir, no ‘todos’] actos ilocucionarios no pueden ser realizados salvo diciendo algo”[4].

Ahora, por otro lado, Austin no tiene dudas en afirmar enfáticamente que el Silencio no podría realizar la fuerza ilocucionaria de la ‘negación’. Estas son sus palabras: “Podría haber estado suponiendo algo sin decir nada… simplemente quedándome sentado en silencio en un rincón. Por el contrario, no podría estar sentado en silencio en un rincón negando algo”[5]. Nótese que en esta última afirmación Austin viene, a despecho de sus reservas anteriores, a dar amparo al consentimiento tácito y a legitimar el dicho “Quien calla otorga”.

Ahora paso a ocuparme de Habermas, autor donde la cuestión tematizada no es el silencio sino la abstención ‘in praesentia’. Definiendo la ‘acción comunicativa’ nos dice este autor: “En la acción comunicativa los participantes no se orientan primariamente al propio éxito; antes persiguen sus fines individuales bajo la condición de que sus respectivos planes de acción puedan armonizarse entre sí sobre la base de una definición compartida de la situación”[6].

Queda claro que Habermas piensa en términos de relaciones interindividuales al interior de una comunidad de comunicación y no es de su interés el abordar situaciones trans-comunitarias o inter-comunitarias.

Dentro de sus parámetros es notable que en la relación dialogal Habermas vea la Abstención como un tercero no excluido al que no asigna ningún contenido específico (que no sea el de un indefinido ‘carácter problemático’) y como un momento provisorio-pasajero destinado a fenecer. Dice Habermas: “Lo mismo si el hablante plantea su pretensión de validez implícitamente que si lo hace de manera explícita, el oyente no tiene más elección que aceptar la pretensión de validez, rechazarla, o dejarla en suspenso por el momento[7].

Volviendo sobre el asunto dirá después: “Ego ha de habérselas con esa pretensión [N.B. de validez] frontalmente, tiene que tomarla en serio, tiene que reaccionar ante ella con un ‘sí’ o con un ‘no’ o dejar en el aire la cuestión de si Alter tiene razón en su demanda, como algo todavía no decidido”[8].

Y luego abordando la misma cuestión desde el ángulo hermenéutico manifiesta: “El intérprete no puede entender el contenido semántico de un texto mientras no sea capaz de representarse las razones que el autor podría haber aducido en las circunstancias apropiadas […] el intérprete no podría representarse en absoluto esas razones sin enjuiciarlas y sin tomar postura afirmativa o negativamente frente a ellas. Puede acaecer que el intérprete deje en suspenso determinadas pretensiones de validez, que se resuelva a no dar por decididas, como el autor, ciertas cuestiones, sino a tratarlas como problemas[9].

Austin ha visto el Silencio como una alternativa ilocucionaria y, cuando implícitamente admite que puede vehicular una fuerza ilocucionaria como tal, ha desestimado la posibilidad que ésta sea la de la ‘negación’.

Habermas ha visto la Abstención como un momento provisorio-pasajero del diálogo entre dos sujetos en pie de igualdad; momento que a sus ojos es previo y no constituye una postura comunicacional, la que advendría según él sólo con el ‘sí’ o el ‘no’ verbalizados. Habermas parte de la base de que sus interlocutores pueden y quieren participar igualitariamente con un ‘sí’ o con un ‘no’ verbalizados en el debate que se traba al interior de la comunidad de comunicación a la que ambos pertenecen.

3. Ahora bien, ¿qué observamos al ocuparnos de la relación comunicativa trans-cultural o inter-cultural del indígena latinoamericano respecto de la ‘comunidad blanca de comunicación’ vigente en América Latina después de la Conquista? Constatamos que el Silencio y la Abstención caracterizan en América Latina la conducta del indígena frente al blanco y sólo frente a él (no así al interior de la comunidad indígena). Masacrado, robado, marginalizado, negado en su Cultura, nunca oído en su discurso reivindicativo, el indígena ha interpuesto el Silencio entre él y el blanco y su comunidad blanca de comunicación.

Es ese pasado-presente de masacre, robo, oídos sordos y negación, y no una supuesta determinación ontológica, el que forjó el llamado “ser silente del indio” (silente, repito, en su postura frente al blanco, no al interior de su comunidad).

La cuestión es: ¿cómo interpretar desde la Filosofía de la Liberación ese Silencio?

En primer lugar, percibiendo que en este caso el ausente por su abstención ‘in absentia’ o ‘in praesentia’ tiene sus razones, y que aquí el que calla no otorga. Este Silencio es una opción que ‘comunica’ rehusando la ‘comunicación’ con una comunidad, la blanca, que ha puesto en situación de ‘in-comunicado’ (este es el término usado en las prisiones) al indígena. Como el indígena no ha podido participar en pie de igualdad de la ‘comunidad de comunicación’ que lo ha masacrado, desoído y negado, luego ya no quiso entablar la interacción comunicativa con esa comunidad.

Esta Abstención no es el momento provisorio-pasajero tematizado por Habermas, y sí una postura comunicativa (que para Habermas sólo existe con el ‘sí’ o el ‘no’ verbalizados) que se afirma como tercero no excluido en lugar y por encima y en detrimento de las alternativas verbalizadas, positiva o negativa, a las que Habermas reserva con exclusividad la denominación de ‘postura’. Esta postura comunicativa que es la Abstención vehicula la auto-exclusión voluntaria de un sujeto (individual y colectivo), el indígena, que responde a la exclusión forzada de la comunidad de comunicación de la que ha sido víctima.

4. Definiendo los actos lingüísticos Austin caracteriza el acto ilocucionario como el acto que hacemos “al decir algo”, y llama “fuerza ilocucionaria” al contenido de lo que hacemos al decir lo que decimos. (Ejemplos: pregunta, promesa, protesta, etc.)[10].

Ahora bien, si partimos de la hipótesis de que en América Latina el Silencio del indígena ante la comunidad blanca de comunicación es un “decir” que opta por expresarse como un “no decir” ¿qué fuerza ilocucionaria vehicula el indígena al callar o al abstenerse in absentia?

Creo que este Silencio es portador de tres fuerzas ilocucionarias inter-ligadas. Con su Silencio (y contrariamente a lo pensado por Austin en el sentido de que el silencio no podría ‘negar algo’) el indígena niega el juego lingüístico de la comunidad blanca de comunicación de la que ha sido víctima. Después de negado en él y por él ésta es una particular negación de la negación que no lleva a la superación de la contradicción, sino que la congela a partir de la repulsa del esclavo ante el mundo comunicacional del amo. Y esto como respuesta a la denominación que éste le ha infligido.

Este Silencio también rechaza (es un “no” inverbal) el juego lingüístico de los blancos por considerarlo, a la luz de la experiencia histórica, falaz y manipulador.

Por último, este Silencio es una protesta callada (forma impensada por Austin) por la situación de masacre, robo y marginación padecida desde la Conquista.

Ante este “no decir” la postura libertadora consiste en “oír” ese Silencio en sus fuerzas ilocucionarias constitutivas para abrirse a la palabra que él oculta-manifiesta, e, iniciando el diálogo con ella, abocarnos blancos e indígenas a la creación de la América Latina pluri-lingüística y pluri-cultural que hasta ahora y desde la Conquista no ha sido.

Creo también, para terminar, que la lectura de las fuerzas ilocucionarias del Silencio que aquí proponemos se revela fecunda también para tratar en el contexto de la Filosofía de la Liberación y ahora a nivel intra-comunitario, la problemática erótica y pedagógica de las mujeres, hijos o alumnos que en América Latina han resuelto callar ante maridos, padres o profesores.

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[1] AUSTIN, J.L., How to do things with words, Conferencia VI, nota 4. (Trad. Cast. Palabras y Acciones, Buenos Aires 1971, 124). [2] Ibid., Conf. IX, 164. [3] Ibid., Conf. VI, 124, nota 4. [4] Ibid., Conf. IX, 164-165. [5] Ibid., Conf. VI, 131. [6] HABERMAS, J., Theorie des kommunikativen Handels, T. I, Cap, III, 1. (Trad. Cast. Teoría de la acción comunicativa, Madrid 1987. T. I, 367). [7] Ibid., T. I, Cap. I, 63; subrayado mío. [8] Ibid., T. I, Cap. I, 161; subrayado mío. [9] Ibid., T. I, Cap, 183; subrayado mío. [10] AUSTIN, J. L., Conf. VIII, 144. Texto en:

- José María Aguirre & Xabier Insausti (org), “Pensamiento crítico, Ética y Absoluto”, Ed. Eset, Vitoria, España, 1990

- López Velasco, Sirio, "Reflexões sobre a Filosofia da Libertação”, Cap. X; Ed. CEFIL, Campo Grande, Brasil 1991.

- Recuperado y revisado por Juan Alejandro Henríquez (Chile); 11 de junio 2020



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