RESEÑA: BREVE HISTORIA DE MI VIDA

Actualizado: jul 11

PRIMER ENVÍO

TIEMPO, MEDIDA IMAGINARIA

Stella Díaz Varín y su Breve Historia de mi Vida

Heddy Navarro Harris

Para este país y este grupo que gira y amalgama: filosofía y poesía, un saludo a la obra de la poeta Stella Díaz Varín, señera maestra, hija de la libertad plena y respiro de humanidad. Un guiño y su semilla, desde mi recuerdo:

Conocí a la Stella, en persona, aquel día en que alguien nos presentara en la SECH y ella me alejara bruscamente con su brazo para mirarme; y pasaran minutos o siglos, mientras radicalmente me observaba, toda. Después me atrajo hacia sí y ronca, como nunca, pronunció, invadiendo toda la estancia un: ¡Te amo huevona! Luego vino el abrazo de rigor y al borde del miedo pasé tenuemente el túnel de su luz avasalladora. Debo referir que sabía previamente que me amaría u odiaría, pero a medias tintas no quedaríamos; me lo habían advertido. Y así y a mucha honra pude entrar a su mundo poético y plural que era ella a todo dar.

Hoy, en este minúsculo espacio de pandemia y compromiso de palabras respiro su poética y ofrezco las de ella para recibir su aliento como un buen comienzo. Compañera de luchas sociales y poeta de pandemias humanas, que llevó, con coraje y hambre también, una dura vida a catorce años de su muerte… Y de su libro “Tiempo, Medida Imaginaria” dejo el primer poema sobre la mesa:


BREVE HISTORIA DE MI VIDA

Comando soldados.

Y les he dicho acerca del peligro

de esconder las armas

bajo las ojeras.

Ellos no están de acuerdo.

Y como están todo tiempo discutiendo

siempre traen perdida la batalla.

Uno ya no puede valerse de nadie.

Yo no puedo estar en todo;

para eso pago cada gota de sangre

que se derrama en el infierno.

En el invierno, debo dedicarme

a oxidar uno que otro sepulcro.

Y en primavera, construyo diques

destinados a naufragios.

Así es, en fin…

Las cuatro estaciones del año

no me contemplan, sino trabajando

Enhebro agujas

para que las viudas jóvenes

cierren los ojos de sus maridos,

y desperdicio minutos, atisbando

a la entrada de una flor de espliego

de una simple abeja

para separarla en dos

y verla desplazarse:

la cabeza hacia el Sur

y el abdomen hacia la cordillera.

Así es

como el día de Pascua de Resurrección

me encuentra fatigada,

y sin la sonrisa habitual

que nos hace tan humanos

al decir de la gente.




Foto autorizada por la autora: Stella Diaz y Heddy Navarro, "lecturas en Barrio Yungay, Santiago de Chile, 2001"

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