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RESEÑA "CANTOS DE ESTAMBUL" DE RUBENSKI PEREIRA: CANTAR UNA CIUDAD NOSTÁLGICA ENTRE DOS CONTINENTES

Escrita por Aleqs Garrigóz


En Cantos de Estambul (Fontarama, 2020) de Rubenski Pereira propone una obra redonda (en el sentido de que inicia y termina con los mismos versos), pero abierta al infinito por las asociaciones que presenta; que surge tras la fascinación y el hechizo por esta ciudad turca, situada entre dos continentes. Recordemos que la ciudad se erige sobre lo que antiguamente fue Bizancio y Constantinopla; es la ciudad más poblada de Turquía y una de las más pobladas del mundo; además de ser el centro económico, histórico y cultural del país. Se ubica en el estrecho de Bósforo (tematizado en el poemario) que separa Europa de Asia. La mayor parte de su población es musulmana.


Con ese poemario Rubenksi se inscribe en la tradición de los poetas cautivados por Oriente Medio, simbolistas principalmente. También de los poetas viajeros al estilo de los románticos decimonónicos, si bien su poética es absolutamente moderna (lo que se percibe, por ejemplo, en que todos los versos inician con mayúscula) y contemporánea, abrevando de otras vanguardias históricas como el expresionismo, el surrealismo y el movimiento lisérgico, en una mixtura tamizada por la personalidad del poeta y reconocible como muy propia:

El gato invisible Me llama por mi nombre, Acudo al interior de sus ojos Donde sus sueños son los míos. Nos sumergimos En un caleidoscopio octagonal.


O: Intensidades se deslizan en los alrededores; Las flores giran sobre sí mismas y se desmoronan. Las visiones anaranjadas de la mezquita Se abren y sus contornos son las líneas del mundo. Ramilletes azules, violetas, escarlatas.


En su prólogo al libro, Franco Ghierali señala que “para Rubenski, la poesía no actúa en él como un ejercicio lingüístico, sino como una forma de vida, una óptica que le permite extraer el encanto de los sitios remotos de Estambul. El sol de la melancolía se encuentra presente durante el viaje, paisajes oníricos que nos recrean escenarios donde la magia y la poesía se develan en las calles de Estambul y en su gente; el poeta logra –de manera afortunada– mostrarnos ese hálito oculto tras esos rostros impregnándolos de simbolismo.” A través de sus versos nos recrea una ciudad de luces y sombras esencialmente “nostálgica”. Sus días y sus noches. Sus soles calurosos y sus lunas bajo las que se disfruta del vino, la cerveza y se escucha aullar a los animales de la noche. Incluso, se recrea a un vampiro encarnado en la figura del poeta, arquetipo del antiguo folclor de la región y que ha pasado a la universalidad. Reluce también la atracción por lo que quedó del antiguo imperio otomano, uno de los más poderosos que han existido en la historia, y que inspiró a otros poetas como al rumano George Bacovia.


Con un encanto onírico, el poeta se inspira no sólo del paisaje, sino de las cosas observadas en la calle, como lo haría un flâneur: las mezquitas, los restaurantes, los museos, los hoteles. Los exteriores, pero también los interiores. Victoria es la acompañante del poeta en este viaje. Y Rubi le sirve de musa (“La melodía de mi musa / Desnuda mis huesos; / Hierve mi piel y el miocardio.) Le hace recordar que Estambul es una ciudad para cantarse: “Estambul brilla en sus cantos, / Desdobla los sentidos.” El poeta ha acudido a este viaje “con los ojos desdoblados. / Con la mochila deshilachada y la pluma chorreando / En la mano izquierda, larga tinta de fuego” (y es que el autor se confiesa zurdo, con todo el simbolismo que guarda eso). El poeta también, como verdadero poeta, es “el médium”, pero además “la pócima de las esmeraldas. / El fumador nocturno viendo el amanecer, Quien abre latas de cerveza a medianoche / Después de recorrer inconmensurables avenidas”. Aquel cuya sangre “Corre inviolable / En el conjuro de las noches.”


Es digno de mención cómo, en sus metáforas, Rubenski sabe jugar con el contraste entre luz y sombra: “Un relámpago incendia la tarde”; “En la noche de sultanes / Se arremolinan / Las estrellas en el jardín: / Halo de luminiscencias”; “La piel de la luna es luz en mis manos”; “Los astros tintinean en la noche, / Se congelan en la belleza / De las riberas sosegadas”; “Constelación elevándose / En la larga sombra de la tarde”. Porque, oh revelación, “En la obscuridad / Se abre el secreto de la luz.”.Esta capacidad de percibir la belleza de lo lumínico en la oscuridad (“Me encuentro lejos de quien se sienta en lo obscuro / Y no percibe ni penetra el resplandor”), confirma su filiación romántica, reelaborada por otras lecturas de hoy, ayer y siempre.


También la música, la música del poema, es compañera en este viaje: “La música me alienta a seguir, / A dar tumbos en la arena / E ir al encuentro de las noches.” Y aunque “noctívago” (porque “Es la noche quien se desdobla / En paraísos”), el poeta no desdeña el sol y su inclemencia y sabe cantar los paisajes marinos y las embarcaciones diurnas en la amargura del mar.


Rubenski se denomina “el poeta eléctrico” y como tal nos es capaz de contagiar con este libro de esa descarga eléctrica que recorre la médula cuando el cuerpo siente placer. El placer de una buena lectura poética: esa magia. Porque en Rubenski “La literatura es un acelerador de partículas”…


Compartimos, como corolario, el poema que cierra el libro y que se llama igual que el libro.


CANTOS DE ESTAMBUL

Brilla el canto expandiéndose. El cuerno de Oro vibra En los cantos de Estambul. Son el interior de los universos, El azul cobalto del mar. Las ramificaciones de mis venas Son esferas de la noche; Anillo de piedras preciosas En la expansión de la mente.

Cantos de Estambul. La luna vaporosa se asoma Entre nubes nocturnas. Surge la voz magnética Elevando la conciencia De la obscura ciudad.

Los cantos de Estambul Son flores sangrantes. Reminiscencias de la guerra Y vórtices en los ojos.

El canto expandiéndose Es un símbolo deslumbrante En las luces derruidas de los puertos.

El Bósforo es elevación de sonidos.

Los cantos de Estambul

Son el espíritu de la música.

Cantos de la mezquita

A las cinco de la tarde.


 

Imagen enviada por autor.

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