ABYA YALA (PIEZA EN UN ACTO)
- Sirio López Velasco
- hace 2 días
- 5 min de lectura
Escrito por Sirio López Velasco (lopesirio@hotmail.com)
Personajes
Mujer blanca madura
Mujer blanca joven
Camarera joven cobriza de cabellos muy negros
Niña cobriza de cabellos muy negros
(Al abrirse el telón se ve el salón de una confitería o salón de té, con algunas mesas coquetamente adornadas. Entran las dos mujeres blancas, ricamente vestidas, y se sientan en una mesa. A su costado, algo arriba, y empotrada en la pared, una gran pantalla de TV muestra una marcha de mujeres indígenas, con banderas y pancartas reivindicativas de los derechos de los pueblos originarios de Abya Yala. Las dos mujeres que acaban de sentarse apoyan sendos teléfonos móviles sobre la mesa y ni miran hacia esa pantalla)
Mujer madura: Te invité a venir hoy aquí a “Sueños de París” porque una amiga me dijo que están inaugurando una exquisitez recién llegada de Londres.
Mujer joven: Como quien dice, me invitas a un pequeño tour por Europa; pero en este país las cosas son siempre tan pobres y contradictorias que hay que ir a París para deleitarse con Londres.
Mujer madura (Apenada): ¡Ay, no me hables de Europa que este año aún no hemos podido ir con Diego Alberto a ver qué novedades hay por allí en las boutiques!
Mujer joven: Pues envídiame, entonces, pues con Juan José ya compramos los pasajes e hicimos las reservas de hoteles para hacer nuestro tour anual europeo dentro de tres meses.
Mujer madura: ¿Ya, y con tres meses de antelación? Eso parece cosa de pobres.
Mujer joven: Lo mismo le dije a Juan José. Pero, como sabes, es muy atareado con sus dos estancias y el Directorio del Banco, y planea todo con meticulosidad.
Mujer madura: A propósito, ¿cuándo se casan?
Mujer joven: Al volver de Europa, sin falta. Juan José ya está iniciando los preparativos y me dio billetera libre para que en Europa compre lo que crea necesario para nuestra boda.
Mujer madura: ¿Y qué se te ha ocurrido de especial para esas compras?
Mujer joven: Por ahora dos cosas. Un vestido de novia original de Dior y la contratación de una o un cantante de primer nivel para animar la fiesta en una de las dos estancias.
Mujer madura (Alegre): Me encantó esa primicia musical. ¿Y en quién estás pensando?
Mujer joven: Tengo en mente una media docena de nombres, pero por ahora no te digo nada, para no aguar la sorpresa.
Mujer madura (Sonriendo al decir la frase): Y para no dejar patente tu decepción si tu favorita o favorito no puede ser contratado.
Mujer joven (También sonriendo): Bueno…eso un poco también; para qué te lo voy a negar…
(La gran pantalla de TV sigue mostrando la marcha de mujeres indígenas, pero las dos comensales siguen sin mirarla; la camarera cobriza se acerca a la mesa; está vestida con cofia blanca, delantal blanco impecable y un trajecito azul, como los que usan las azafatas; sus zapatillas parecen de ballet).
Camarera: ¡Buenas tardes! ¿Qué se van a servir las señoras?
Mujer madura (Mirando a su amiga, pero no a la camarera): Le dije a mi amiga que acaba de llegar de Londres aquella delicia de masitas adornadas con un filete de oro.
Camarera (Mirando alternativamente a las dos mujeres): Así es señoras, y se las recomiendo calurosamente.
Mujer madura (continúa mirando a su amiga y no a la camarera): Muy bien; traenos entonces una docena surtida de esas masitas. Hoy vamos a saltearnos la dieta y después haremos el doble de pilates…
Camarera: Entendido, señora. ¿Y qué gustan beber?
Mujer joven (mirando a su amiga pero no a la camarera): Traenos una tetera grande del mejor té inglés.
Camarera: Muy bien, señoras. Les traeré de inmediato su pedido. ¡Con su permiso! (La camarera gira sobre sus talones y sale de escena).
(Ahora la pantalla de TV muestra imágenes de la marcha de mujeres indígenas siendo apaleada y dispersada con gases lacrimógenos por la Policía. Las comensales siguen sin mirarla).
Mujer madura: ¿Y para el vestido, ya tienes alguna idea?
Mujer joven (Dubitativa): Bueno, algo he visto por internet y también me inspiraron dos modelos que vi en dos películas recientes…
Mujer madura: ¿Y no vas a decirme cuáles son esas películas?
Mujer joven (Sonriendo): Por ahora no…
Mujer madura (También sonriendo): ¡Ah! Otra vez lo de la sorpresa y la decepción…
Mujer joven (Sonriendo): Sí, y además te digo que en esto tiene que ver también mi teoría de que deben rimar con el vestido, el maquillaje y el perfume que vas a usar en la ocasión.
Mujer madura (Con cara de sorpresa e intriga): Lo primero lo entiendo; pero ¿el perfume?
Mujer joven: Eso se me ocurrió después de ver en youtube a un analista norteamericano que hablaba sobre la interacción entre lo visual y lo olfativo.
Mujer madura: ¿Y cómo se llama ese gurú?
Mujer joven: Ahora no me acuerdo su nombre. Pero lo buscaré y te lo envío por whatsapp.
(La camarera vuelve con el pedido y lo sirve delicadamente a las comensales; ellas ni la miran).
Camarera: ¡Con su permiso! (Gira sobre sus talones y sale de escena; las comensales ni le han contestado).
(La pantalla de TV muestra ahora como algunas mujeres indígenas se llevan en brazos o arrastrándolas a algunas de sus compañeras de marcha heridas; las comensales siguen sin mirar a la pantalla).
Mujer madura (Tras probar la primera masita): ¡Hum! Esto es bocato di cardenale, ¿no te parece?
Mujer joven (Tras probar la primera masita): Yo diría, ¡de Sumo Pontífice!
Mujer madura (Con tono dudoso): Y yo diría que el filete de oro tiene un delicado toque…
Mujer joven:..agridulce…
Mujer madura: ¡Exactamente! ¡Me sacaste la palabra de la boca!
(Ambas mujeres sorben el té humeante y siguen degustando las masitas)
Mujer madura: Y este té sigue tan bueno como siempre. No sé por qué, aunque mando a mi cocinera a comprarlo en el shopping, nunca le queda igual que aquí.
Mujer joven: Pues haces mal, querida. Juan José lo manda traer directamente de Londres, del mismo abastecedor del Royal Festival Hall.
Mujer madura: ¡Ay, qué lindo recuerdo! Allí fuimos a tomar el té por enésima vez con Chichita y su marido el año pasado.
Mujer joven: ¡Que quieres que te diga! Londres ya no es lo mismo desde que instalaron esa ridícula rueda gigante. Pero a propósito, ¿te enteraste de lo de Chichita?
Mujer madura: ¡Claro, y fui una de las primeras!
Mujer joven: Su gran error fue haber andado en pleno día con su nuevo amante en el coche descapotable y por calles muy concurridas
Mujer madura: Menos mal que su marido y el otro arreglaron la situación como caballeros…
Mujer joven: ¿Ah, sí? No conocía ese detalle.
Mujer madura: Sí. El otro le compró al marido de Chichita el yate que no podía vender...
Mujer joven (Interrogativa): ¿Y?
Mujer madura: Y se comprometió a no volver a las andadas con Chichita, que le pidió mil perdones a su marido mintiéndole que aquella era la primera y sería la última vez.
Mujer joven: Como futura casada tengo que aprender ese oficio.
Mujer madura: No te preocupes, que yo puedo darte unas cuántas lecciones.
Mujer joven (Con mirada divertida y sonriente): ¿Sí?
Mujer madura: A tal punto de que dudo de que el menor de mis dos varones sea de mi marido.
Mujer joven: ¡No me digas!
(La pantalla de TV muestra a la marcha de mujeres indígenas que se ha rehecho y continúa su camino; las comensales siguen sin mirar hacia la pantalla. Una niña cobriza y de cabellos muy negros, vestida pobremente y con atuendo indígena, se acerca a la mesa. Colgada en un brazo lleva la canasta de rosas rojas que está vendiendo).
Niña vendedora: ¿Las señoras gustan comprarme una rosa?
(Las mujeres ni la miran y la más joven le hace con la mano un ademán para que se retire. La niña obedece, gira sobre sus talones y sale de escena. Las comensales siguen hablando entretenidamente y sorbiendo el té. La pantalla de TV muestra cómo, otra vez, la marcha de las mujeres indígenas es apaleada y gaseada. Cae el telón)
- FIN -





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