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ABYA YALA (PIEZA EN UN ACTO)

Escrito por Sirio López Velasco (lopesirio@hotmail.com)

 

Personajes 

  • Mujer blanca madura

  • Mujer blanca joven 

  • Camarera joven cobriza de cabellos muy negros 

  • Niña cobriza de cabellos muy negros 

 

(Al abrirse el telón se ve el salón de una confitería o salón de té, con algunas mesas coquetamente adornadas. Entran las dos mujeres blancas, ricamente vestidas, y se sientan en una mesa. A su costado, algo arriba, y empotrada en la pared, una gran pantalla de TV muestra una marcha de mujeres indígenas, con banderas y pancartas reivindicativas de los derechos de los pueblos originarios de Abya Yala. Las dos mujeres que acaban de sentarse apoyan sendos teléfonos móviles sobre la mesa y ni miran hacia esa pantalla)  


Mujer madura: Te invité a venir hoy aquí a “Sueños de París” porque una amiga me dijo que están inaugurando una exquisitez recién llegada de Londres. 

Mujer joven:   Como quien dice, me invitas a un pequeño tour por Europa; pero en este país las cosas son siempre tan pobres y contradictorias que hay que ir a París para deleitarse con Londres. 

Mujer madura (Apenada): ¡Ay, no me hables de Europa que este año aún no hemos podido ir con Diego Alberto a ver qué novedades hay por allí en las boutiques! 

Mujer joven: Pues envídiame, entonces, pues con Juan José ya compramos los pasajes e hicimos las reservas de hoteles para hacer nuestro tour anual europeo dentro de tres meses. 

Mujer madura: ¿Ya, y con tres meses de antelación? Eso parece cosa de pobres. 

Mujer joven: Lo mismo le dije a Juan  José. Pero, como sabes, es muy atareado con sus dos estancias y el Directorio del Banco, y planea todo con meticulosidad. 

Mujer madura: A propósito, ¿cuándo se casan? 

Mujer joven: Al volver de Europa, sin falta. Juan José ya está iniciando los preparativos y me dio billetera libre para que en Europa compre lo que crea necesario para nuestra boda. 

Mujer madura: ¿Y qué se te ha ocurrido de especial para esas compras? 

Mujer joven: Por ahora dos cosas. Un vestido de novia original de Dior y la contratación de una o un cantante de primer nivel para animar la fiesta en una de las dos estancias. 

Mujer madura (Alegre): Me encantó esa primicia musical. ¿Y en quién estás pensando? 

Mujer joven: Tengo en mente una media docena de nombres, pero por ahora no te digo nada, para no aguar la sorpresa. 

Mujer madura (Sonriendo al decir la frase): Y para no dejar patente tu decepción si tu favorita o favorito no puede ser contratado. 

Mujer joven (También sonriendo): Bueno…eso un poco también; para qué te lo voy a negar… 

(La gran pantalla de TV sigue mostrando la marcha de mujeres indígenas, pero las dos comensales siguen sin mirarla; la camarera cobriza se acerca a la mesa; está vestida con cofia blanca, delantal blanco impecable y un trajecito azul, como los que usan las azafatas; sus zapatillas parecen de ballet). 

Camarera: ¡Buenas tardes! ¿Qué se van a servir las señoras? 

Mujer madura (Mirando a su amiga, pero no a la camarera): Le dije a mi amiga que acaba de llegar de Londres aquella delicia de masitas adornadas con un filete de oro. 

Camarera (Mirando alternativamente a las dos mujeres): Así es señoras, y se las recomiendo calurosamente. 

Mujer madura (continúa mirando a su amiga y no a la camarera): Muy bien; traenos entonces una docena surtida de esas masitas. Hoy vamos a saltearnos la dieta y después haremos el doble de pilates… 

Camarera: Entendido, señora. ¿Y qué gustan beber? 

Mujer joven (mirando a su amiga pero no a la camarera): Traenos una tetera grande del mejor té inglés. 

Camarera: Muy bien, señoras. Les traeré de inmediato su pedido. ¡Con su permiso! (La camarera gira sobre sus talones y sale de escena). 

(Ahora la pantalla de TV muestra imágenes de la marcha de mujeres indígenas siendo apaleada y dispersada con gases lacrimógenos por la Policía. Las comensales siguen sin mirarla). 

Mujer madura: ¿Y para el vestido, ya tienes alguna idea? 

Mujer joven (Dubitativa): Bueno, algo he visto por internet y también me inspiraron dos modelos que vi en dos películas recientes… 

Mujer madura: ¿Y no vas a decirme cuáles son esas películas? 

Mujer joven (Sonriendo): Por ahora no… 

Mujer madura (También sonriendo): ¡Ah! Otra vez lo de la sorpresa y la decepción… 

Mujer joven (Sonriendo): Sí, y además te digo que en esto tiene que ver también mi teoría de que deben rimar con el vestido, el maquillaje y el perfume que vas a usar en la ocasión. 

Mujer madura (Con cara de sorpresa e intriga): Lo primero lo entiendo; pero ¿el perfume? 

Mujer joven: Eso se me ocurrió después de ver en youtube a un analista norteamericano que hablaba sobre la interacción entre lo visual y lo olfativo. 

Mujer madura: ¿Y cómo se llama ese gurú? 

Mujer joven: Ahora no me acuerdo su nombre. Pero lo buscaré y te lo envío por whatsapp. 

(La camarera vuelve con el pedido y lo sirve delicadamente a las comensales; ellas ni la miran). 

Camarera: ¡Con su permiso! (Gira sobre sus talones y sale de escena; las comensales ni le han contestado).  

(La pantalla de TV muestra ahora como algunas mujeres indígenas se llevan en brazos o arrastrándolas a algunas de sus compañeras de marcha heridas; las comensales siguen sin mirar a la pantalla). 

Mujer madura (Tras probar la primera masita): ¡Hum! Esto es bocato di cardenale, ¿no te parece? 

Mujer joven (Tras probar la primera masita): Yo diría, ¡de Sumo Pontífice! 

Mujer madura (Con tono dudoso): Y yo diría que el filete de oro tiene un delicado toque… 

Mujer joven:..agridulce… 

Mujer madura: ¡Exactamente! ¡Me sacaste la palabra de la boca! 

(Ambas mujeres sorben el té humeante y siguen degustando las masitas) 

Mujer madura: Y este té sigue tan bueno como siempre. No sé por qué, aunque  mando a mi cocinera a comprarlo en el shopping, nunca le queda igual que aquí. 

Mujer joven: Pues haces mal, querida. Juan José lo manda traer directamente de Londres, del mismo abastecedor del Royal Festival Hall. 

Mujer madura: ¡Ay, qué lindo recuerdo! Allí fuimos a tomar el té por enésima vez con Chichita y su marido el año pasado.  

Mujer joven: ¡Que quieres que te diga! Londres ya no es lo mismo desde que instalaron esa ridícula rueda gigante. Pero a propósito, ¿te enteraste de lo de Chichita? 

Mujer madura: ¡Claro, y fui una de las primeras! 

Mujer joven: Su gran error fue haber andado en pleno día con su nuevo amante en el coche descapotable y por calles muy concurridas 

Mujer madura: Menos mal que su marido y el otro arreglaron la situación como caballeros… 

Mujer joven: ¿Ah, sí? No conocía ese detalle. 

Mujer madura: Sí. El otro le compró al marido de Chichita el yate que no podía vender... 

Mujer joven (Interrogativa): ¿Y? 

Mujer madura: Y se comprometió a no volver a las andadas con Chichita, que le pidió mil perdones a su marido mintiéndole que aquella era la primera y sería la última vez.  

Mujer joven: Como futura casada tengo que aprender ese oficio. 

Mujer madura: No te preocupes, que yo puedo darte unas cuántas lecciones. 

Mujer joven (Con mirada divertida y sonriente): ¿Sí? 

Mujer madura: A tal punto de que dudo de que el menor de mis dos varones sea de mi marido. 

Mujer joven: ¡No me digas! 

(La pantalla de TV muestra a la marcha de mujeres indígenas que se ha rehecho y continúa su camino; las comensales siguen sin mirar hacia la pantalla. Una niña cobriza y de cabellos muy negros, vestida pobremente y con atuendo indígena, se acerca a la mesa. Colgada en un brazo lleva la canasta de rosas rojas que está vendiendo). 

Niña vendedora: ¿Las señoras gustan comprarme una rosa? 

(Las mujeres ni la miran y la más joven le hace con la mano un ademán para que se retire. La niña obedece, gira sobre sus talones y sale de escena. Las comensales siguen hablando entretenidamente y sorbiendo el té. La pantalla de TV muestra cómo, otra vez, la marcha de las mujeres indígenas es apaleada y gaseada. Cae el telón)   


- FIN -




Imagen creada con apoyo de IA Google Gemini
Imagen creada con apoyo de IA Google Gemini

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