LA SABIDURIA DESPRECIADA: CUATRO POEMAS SOBRE LA INTEMPERIE.
- Miguel Herrera C.
- hace 4 minutos
- 7 min de lectura
Escrito por Francisco Somerville.
La sabiduría despreciada
Cuatro poemas de Francisco Somerville
Hay vidas que la sociedad mira de reojo.
Personas que parecen haber quedado fuera del mundo: habitantes de la calle, los olvidados, quienes sobreviven entre la pobreza, la enfermedad, las adicciones, la pérdida y la soledad. Sin embargo, es precisamente allí donde muchas veces sobrevive una forma de sabiduría que rara vez queremos escuchar.
Los cuatro poemas reunidos bajo el título La sabiduría despreciada recorren ese territorio.
Desde la voz de un hombre que vive en la calle hasta la presencia imaginada de una virgen que acompaña a quienes nadie acompaña; desde un cajón vacío que conserva el peso del abandono hasta la memoria obsesiva de un hombre que intenta ordenar los fragmentos de su propia vida, estos textos hablan del dolor, pero también de la compasión, la memoria y la resistencia.
No buscan ofrecer respuestas.
Tampoco moralizar.
Simplemente invitan al lector a detenerse frente a aquello que normalmente preferimos no mirar.
I. Floridor Gumercindo Arellano Quiñones, portador de la sabiduría despreciada
"Hay personas cuya historia termina antes de morir. Otras continúan caminando entre nosotros, invisibles para casi todos."

Despierto en rincones
en donde la justicia
no extiende sus brazos
rincones que hasta el más humilde desprecia.
En mi espalda
y como un caracol o una tortuga
llevo mi vida hecha de harapos.
No recuerdo a mis padres
ni a mis carceleros
y del amor ni hablar,
él solo se sienta en comedores
y sillones. El suelo es para los animales, dice.
Me limpio el poto con el papel más barato
o con papel de diario.
La nariz no conoce delicadeza
cada vez que me sueno
a la vieja usanza campesina
vuelan las aves y huyen los animales
Y esta herida abierta
que no cesa de enconarse
de supurar
de volver loco a quien la mira.
Mis pies maltratados y descuidados
avisan la muerte de sus uñas
y pieles pútridas endurecidas.
Y estos zapatos que no abrigan
solo los mantengo para no andar descalzo
no vaya a ser que me prohíban caminar por la vía pública.
Como de sus desechos
me alimento de la comida
que ya les causó hastío
de las sobras de tu tarjeta junaeb
de las migas que disputo con las palomas
del basurero del restaurante de comida rápida.
Y hoy toca sacarse el sebo
raspar el piñen
ponerse bonito
y bañarse en la pileta
a los pies de la estatua de Pedro Aguirre Cerda.
Caminar buscando algo desconocido
o quedarse en un rincón
juntar las monedas para el litro de pan
mendigar sonrisas que no encuentro
intentar recordar a los amigos.
Y algún vicio viaja conmigo
¿usted, soportaría esta vida en sobriedad?
a ellos, los odio con todo mi corazón
a los que desprecian lo desconocido
a los que huyen de sus pasiones
a los que escupen la cara del maltratado
y a la que echó mi amor al basurero
a ellos, los odio con todo mi corazón.
Pero a veces la vida regala sonrisas
y ese papá que junto a su hijo me sirve comida
y la bondad del cristiano
que lava mis pies como Jesús
y aquella jovencita que escucha mis historias sin interrupción
defendiéndome de los haraganes que me exigen silencio
ella sabe que yo soy nadie
sabe que mi lugar está lejos
que incluso, para mí
morir no es un descanso.
II. A la virgen de los últimos días
"Cuando ya no queda nadie, incluso la imaginación puede convertirse en el último refugio."

Todos se han ido
se fueron hace mucho
pero tú no te fuiste nunca
virgen de los últimos días
la que no castiga mis pasos
y calma la sed
muchos ya no usan ese asiento vacío
ni comen de esa mesa de domingo
se acabaron las risas endemoniadas
las fiestas porque sí
el fin de año familiar
virgen de los últimos días
deja que tu velo termine de caer
sal de mi imaginación
y abrázame en tu pecho
soy tu hijo no deseado
soy el delincuente que nunca quisiste parir
soy la lágrima que cae
desde tus ojos maltratados
mamita virgen
nunca te fuiste, ni cuando quemé tus cosas
ni cuando no llegaba por días
ni cuando dormía aterrorizado
por sombras, fantasmas y malas intenciones
virgen de los últimos días
bendice todos los espacios vacíos de esta mesa
porque tú no condenas
a los que no son como tú eres
a los que consumen lo que tú no consumes
a los que se visten distinto
a los que sueñan despiertos
a los que siguen de pie
Virgen de los últimos días
eres producto de mi imaginación
quédate allá lejos
donde el enojo no basta
donde la compañía basta
donde nunca te vas.
Me han echado de todos los lugares posibles
me humilló la pastoral de mi barrio
no me quiso el colegio
no conozco un contrato
hasta los amores se van, dejando su sombra regada por todas partes
tengo que pedir hora para emborracharme hasta la náusea
soy el hijo tonto de un rebaño de superdotados
y mi palabra no suena más allá de un breve poema.
Pero tú siempre has estado
virgencita del fin
no me has echado porque te vas conmigo
no te has muerto porque no vives
no te fuiste lejos porque siempre estás.
Virgen de los últimos días
bendice mi mesa vacía
mi conciencia perdida
mi pasado de tumbas
mi presente de debilidades y llantos
bendice este trago abyecto
y el humo que me asesina
las dudas que me incendian
a los hermanos que sufren
y a toda esta humanidad perdida.
III. Este cajón
"Algunas ausencias no hacen ruido. Permanecen en los objetos."

Este cajón está vacío
ya no hay nada
de nadie o para nadie
ya no quedan calcetines
ni ropa interior
planchada y caliente
para su uso
Este cajón
ahora cobija nidos de arañas
y disfraces abandonados
este cajón no tiene
toallas para secar el cuerpo
ni batas para abrigar
la desnudez
este cajón está abandonado
en un rincón oscuro y húmedo
Este cajón
ya no guarda la ropa
de ella, ni la de él
este cajón no guarda recuerdos
solo abandonos
este cajón tiene
su madera hinchada
y su barniz envejecido
sus manillas ya no existen
Este cajón
ha desaparecido
roído por el olvido
este cajón
está vacío
y deshecho
IV. Reloj en la pared
"La memoria nunca avanza en línea recta. Da vueltas como un reloj detenido."

Es que ya no es importante
solo le doy vueltas
porque soy obsesivo
no puede haber cabo sin atar
ni simetría entre el bien
y el mal
la incesante pregunta
que no busca respuesta
Discúlpeme, es que
cuando era chico
yo no sufrí tanto
como los otros
a mí me bañaban
con agua de tárrifon
y me sacaban el impétigo
con cremas
del recetario magistral
me abrazaron pocas veces
con los brazos
y es que todo es digno
de ser una obsesión
las miradas, los suspiros
el miedo, y la penetración
en lo más profundo del alma
del sentimiento
de impotencia
se me olvidan las ideas
a veces
dicen que es el consumo
de cierta lechuga
yo le echo la culpa
a la marihuana
derechamente
¿qué era lo que
le estaba contando?
¿ve?
ya se me olvidó lo que le iba a decir.
Si yo vi a un viejo parado
en el cerro
mientras cortaba el pasto
lo vi
con el rabillo del ojo
pero no le hice caso
y lo vi de nuevo
por el rabillo del ojo
y de repente
sentí cariño y aceptación
y lo miré de frente
y ahí estaba
no vi su cara
pero su sombrero negro
de ala corta
su estatura
el chaleco
el pantalón
los zapatos
yo había visto eso en mi niñez
le conté a mi tía
que estaba en la casa
pero no me pescó
Te doy una canción
como un disparo
como un libro
como una guerrilla
y entre medio
del Silvio
me doy cuenta
que no hay cariño
que la sombra de la ausencia
ha hecho desaparecer
hasta el último polvo
de la memoria
corazón
oscuro
corazón
con muros
corazón
que se esconde
corazón
¿cuál amor?
si no hay más que uno
uno tan humano
la cobardía es asunto
de los hombres
no de los amantes
los amores cobardes no llegan
a amores ni a historias
se quedan allí
ni el recuerdo los puede salvar
ni el mejor orador conjugar
un hombre con sombrero
se me apareció
una tarde
allá en el cerro
Sonreír
en medio de la muerte
y en plena luz del lucero
parado en la punta de un cerro
gritando el nombre
con el que te bautizaron
lavarse en las aguas de la tierra
comer la manzana del árbol prohibido
y saludar a los males del mundo
abrirse paso junto con el viento
y dejar de soñar
para volver a ver el mundo
desde el comedor para empleados
desde el patio de atrás
conversando inviernos
Al despertar no había nadie a mi alrededor
ni en las piezas vecinas
ni las sábanas se dejaban perfumar
por el cuerpo de ella
la mesa estaba servida
para 1
una taza, una cuchara, un plato
hay comida en la despensa
y el techo no tiene goteras
la masa para el pan fermenta
el café aromatiza los rincones solitarios
los fantasmas duermen
Los días son demasiado largos
y uno nunca está conforme con nada
si no es una cosa es otra cosa
y después desta no hay otra
y hasta verte Cristo mío
hago la cama, la cama hago
lavo la loza, la loza lavo
preparo desayuno, desayuno preparo
¿cachay?
los días son demasiado largos
y aún no es mediodía.
Epílogo
La poesía suele buscar belleza.
Estos poemas buscan otra cosa.
Intentan mirar de frente aquello que normalmente escondemos: la pobreza, la enfermedad, la pérdida, el abandono, la culpa y la memoria.
Porque quizá exista una sabiduría que sólo aparece cuando todo lo demás ha desaparecido.
Y esa es, precisamente, la sabiduría que casi siempre terminamos despreciando.
Datos editoriales
Título: La sabiduría despreciadaAutor:
Francisco Somerville
Género: Poesía contemporánea chilena
Temáticas: exclusión social, memoria, abandono, espiritualidad, marginalidad, salud mental, identidad, poesía social.




Comentarios