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LA SABIDURIA DESPRECIADA: CUATRO POEMAS SOBRE LA INTEMPERIE.

Escrito por Francisco Somerville.




La sabiduría despreciada

Cuatro poemas de Francisco Somerville


Hay vidas que la sociedad mira de reojo.


Personas que parecen haber quedado fuera del mundo: habitantes de la calle, los olvidados, quienes sobreviven entre la pobreza, la enfermedad, las adicciones, la pérdida y la soledad. Sin embargo, es precisamente allí donde muchas veces sobrevive una forma de sabiduría que rara vez queremos escuchar.


Los cuatro poemas reunidos bajo el título La sabiduría despreciada recorren ese territorio.

Desde la voz de un hombre que vive en la calle hasta la presencia imaginada de una virgen que acompaña a quienes nadie acompaña; desde un cajón vacío que conserva el peso del abandono hasta la memoria obsesiva de un hombre que intenta ordenar los fragmentos de su propia vida, estos textos hablan del dolor, pero también de la compasión, la memoria y la resistencia.


No buscan ofrecer respuestas.


Tampoco moralizar.


Simplemente invitan al lector a detenerse frente a aquello que normalmente preferimos no mirar.




I. Floridor Gumercindo Arellano Quiñones, portador de la sabiduría despreciada


"Hay personas cuya historia termina antes de morir. Otras continúan caminando entre nosotros, invisibles para casi todos."



Imagen creada con IA
Imagen creada con IA



Despierto en rincones

en donde la justicia

no extiende sus brazos

rincones que hasta el más humilde desprecia.


En mi espalda

y como un caracol o una tortuga

llevo mi vida hecha de harapos.

No recuerdo a mis padres

ni a mis carceleros

y del amor ni hablar,

él solo se sienta en comedores

y sillones. El suelo es para los animales, dice.


Me limpio el poto con el papel más barato

o con papel de diario.


La nariz no conoce delicadeza

cada vez que me sueno

a la vieja usanza campesina

vuelan las aves y huyen los animales



Y esta herida abierta

que no cesa de enconarse

de supurar

de volver loco a quien la mira.


Mis pies maltratados y descuidados

avisan la muerte de sus uñas

y pieles pútridas endurecidas.

Y estos zapatos que no abrigan

solo los mantengo para no andar descalzo

no vaya a ser que me prohíban caminar por la vía pública.


Como de sus desechos

me alimento de la comida

que ya les causó hastío

de las sobras de tu tarjeta junaeb

de las migas que disputo con las palomas

del basurero del restaurante de comida rápida.


Y hoy toca sacarse el sebo

raspar el piñen

ponerse bonito

y bañarse en la pileta

a los pies de la estatua de Pedro Aguirre Cerda.


Caminar buscando algo desconocido

o quedarse en un rincón

juntar las monedas para el litro de pan

mendigar sonrisas que no encuentro

intentar recordar a los amigos.


Y algún vicio viaja conmigo

¿usted, soportaría esta vida en sobriedad?

a ellos, los odio con todo mi corazón

a los que desprecian lo desconocido

a los que huyen de sus pasiones

a los que escupen la cara del maltratado

y a la que echó mi amor al basurero

a ellos, los odio con todo mi corazón.


Pero a veces la vida regala sonrisas

y ese papá que junto a su hijo me sirve comida

y la bondad del cristiano

que lava mis pies como Jesús

y aquella jovencita que escucha mis historias sin interrupción

defendiéndome de los haraganes que me exigen silencio

ella sabe que yo soy nadie

sabe que mi lugar está lejos

que incluso, para mí

morir no es un descanso.




II. A la virgen de los últimos días


"Cuando ya no queda nadie, incluso la imaginación puede convertirse en el último refugio."


Imagen creada con IA
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Todos se han ido

se fueron hace mucho

pero tú no te fuiste nunca

virgen de los últimos días

la que no castiga mis pasos

y calma la sed

muchos ya no usan ese asiento vacío

ni comen de esa mesa de domingo

se acabaron las risas endemoniadas

las fiestas porque sí

el fin de año familiar

virgen de los últimos días

deja que tu velo termine de caer

sal de mi imaginación

y abrázame en tu pecho

soy tu hijo no deseado

soy el delincuente que nunca quisiste parir

soy la lágrima que cae

desde tus ojos maltratados

mamita virgen

nunca te fuiste, ni cuando quemé tus cosas

ni cuando no llegaba por días

ni cuando dormía aterrorizado

por sombras, fantasmas y malas intenciones

virgen de los últimos días

bendice todos los espacios vacíos de esta mesa

porque tú no condenas

a los que no son como tú eres

a los que consumen lo que tú no consumes

a los que se visten distinto

a los que sueñan despiertos

a los que siguen de pie


Virgen de los últimos días

eres producto de mi imaginación

quédate allá lejos

donde el enojo no basta

donde la compañía basta

donde nunca te vas.


Me han echado de todos los lugares posibles

me humilló la pastoral de mi barrio

no me quiso el colegio

no conozco un contrato

hasta los amores se van, dejando su sombra regada por todas partes

tengo que pedir hora para emborracharme hasta la náusea

soy el hijo tonto de un rebaño de superdotados

y mi palabra no suena más allá de un breve poema.

Pero tú siempre has estado

virgencita del fin

no me has echado porque te vas conmigo

no te has muerto porque no vives

no te fuiste lejos porque siempre estás.


Virgen de los últimos días

bendice mi mesa vacía

mi conciencia perdida

mi pasado de tumbas

mi presente de debilidades y llantos

bendice este trago abyecto

y el humo que me asesina

las dudas que me incendian

a los hermanos que sufren

y a toda esta humanidad perdida.




III. Este cajón


"Algunas ausencias no hacen ruido. Permanecen en los objetos."


Imagen creada con IA
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Este cajón está vacío

ya no hay nada

de nadie o para nadie

ya no quedan calcetines

ni ropa interior

planchada y caliente

para su uso


Este cajón

ahora cobija nidos de arañas

y disfraces abandonados

este cajón no tiene

toallas para secar el cuerpo

ni batas para abrigar

la desnudez

este cajón está abandonado

en un rincón oscuro y húmedo


Este cajón

ya no guarda la ropa

de ella, ni la de él

este cajón no guarda recuerdos

solo abandonos

este cajón tiene

su madera hinchada

y su barniz envejecido

sus manillas ya no existen


Este cajón

ha desaparecido

roído por el olvido

este cajón

está vacío

y deshecho




IV. Reloj en la pared


"La memoria nunca avanza en línea recta. Da vueltas como un reloj detenido."


Imagen creada con IA
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Es que ya no es importante

solo le doy vueltas

porque soy obsesivo

no puede haber cabo sin atar

ni simetría entre el bien

y el mal

la incesante pregunta

que no busca respuesta


Discúlpeme, es que

cuando era chico

yo no sufrí tanto

como los otros

a mí me bañaban

con agua de tárrifon

y me sacaban el impétigo

con cremas

del recetario magistral

me abrazaron pocas veces

con los brazos


y es que todo es digno

de ser una obsesión

las miradas, los suspiros

el miedo, y la penetración

en lo más profundo del alma

del sentimiento

de impotencia

se me olvidan las ideas

a veces

dicen que es el consumo

de cierta lechuga

yo le echo la culpa

a la marihuana

derechamente

¿qué era lo que

le estaba contando?

¿ve?

ya se me olvidó lo que le iba a decir.


Si yo vi a un viejo parado

en el cerro

mientras cortaba el pasto

lo vi

con el rabillo del ojo

pero no le hice caso

y lo vi de nuevo

por el rabillo del ojo

y de repente

sentí cariño y aceptación

y lo miré de frente

y ahí estaba

no vi su cara

pero su sombrero negro

de ala corta

su estatura

el chaleco

el pantalón

los zapatos

yo había visto eso en mi niñez

le conté a mi tía

que estaba en la casa

pero no me pescó


Te doy una canción

como un disparo

como un libro

como una guerrilla

y entre medio

del Silvio

me doy cuenta

que no hay cariño

que la sombra de la ausencia

ha hecho desaparecer

hasta el último polvo

de la memoria

corazón

oscuro

corazón

con muros

corazón

que se esconde

corazón

¿cuál amor?

si no hay más que uno

uno tan humano

la cobardía es asunto

de los hombres

no de los amantes

los amores cobardes no llegan

a amores ni a historias

se quedan allí

ni el recuerdo los puede salvar

ni el mejor orador conjugar

un hombre con sombrero

se me apareció

una tarde

allá en el cerro


Sonreír

en medio de la muerte

y en plena luz del lucero

parado en la punta de un cerro

gritando el nombre

con el que te bautizaron

lavarse en las aguas de la tierra

comer la manzana del árbol prohibido

y saludar a los males del mundo

abrirse paso junto con el viento

y dejar de soñar

para volver a ver el mundo

desde el comedor para empleados

desde el patio de atrás

conversando inviernos


Al despertar no había nadie a mi alrededor

ni en las piezas vecinas

ni las sábanas se dejaban perfumar

por el cuerpo de ella

la mesa estaba servida

para 1

una taza, una cuchara, un plato

hay comida en la despensa

y el techo no tiene goteras

la masa para el pan fermenta

el café aromatiza los rincones solitarios

los fantasmas duermen


Los días son demasiado largos

y uno nunca está conforme con nada

si no es una cosa es otra cosa

y después desta no hay otra

y hasta verte Cristo mío

hago la cama, la cama hago

lavo la loza, la loza lavo

preparo desayuno, desayuno preparo

¿cachay?

los días son demasiado largos

y aún no es mediodía.




Epílogo


La poesía suele buscar belleza.


Estos poemas buscan otra cosa.


Intentan mirar de frente aquello que normalmente escondemos: la pobreza, la enfermedad, la pérdida, el abandono, la culpa y la memoria.


Porque quizá exista una sabiduría que sólo aparece cuando todo lo demás ha desaparecido.


Y esa es, precisamente, la sabiduría que casi siempre terminamos despreciando.



Datos editoriales

Título: La sabiduría despreciadaAutor: 

Francisco Somerville

Género: Poesía contemporánea chilena

Temáticas: exclusión social, memoria, abandono, espiritualidad, marginalidad, salud mental, identidad, poesía social.


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