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Hipótesis ecomunitaristas iniciales sobre por qué much@s pobres votan a sus peores verdugos. Y esbozo de algunas contra-medidas

Escrito por Sirio López Velasco (lopesirio@hotmail.com)


Una precisión indispensable


La propuesta ecomunitarista no se identifica con las políticas gubernamentales de los gobiernos que en Nuestramérica se han caracterizado como “progresistas”. Y no lo hace, diciéndolo grosso modo, porque las mismas se adecuaron al capitalismo (y en varios casos al dominio imperialista, en especial el de EEUU), mientras que el Ecomunitarismo constituye un orden comunitario-ambiental poscapitalista y postimperialista. (Como se sabe, el Ecomunitarismo, horizonte-guía indispensable de la acción cotidiana, se compone de muchas dimensiones interconectadas: la Educación ambiental ecomunitarista, la Economía ecológica y sin patrones, la Política de tod@s, la Defensa de todo el pueblo, la Comunicación horizontal y simétrica, la Estética de la liberación, y el Ateísmo intercultural no militante. La combinación de todas apunta a hacer realidad cotidiana el Principio Rector del Ecomunitarismo que reza: “De cada un@ según sus capacidades, y a cada un@ según sus necesidades, respetando los equilibrios ecológicos y la interculturalidad”, en aplicación de las tres normas fundamentales de la Ética que hemos deducido argumentativamente de la pregunta que la instaura, a saber “¿Qué debo hacer?”; recordemos que la primera nos exige luchar para garantizar nuestra libertad de decisión, la segunda nos exige realizar esa libertad en la búsqueda de consensos con l@s demás, y la tercera nos exige preservar-regenerar la salud de la naturaleza humana y no humana; ver López Velasco 2025 y 2026).

Ahora, dicho eso, el análisis que sigue se limita a abordar las tendencias dominantes en las disputas electorales que se están dando en Nuestramérica (y en especial en el Conosur, y más específicamente en Brasil) dentro de las reglas de juego capitalistas reinantes, y trata de entender por qué en esos pleitos mucha gente pobre vota por aquellos que habrán de penalizarla, incluso cuando éstos anuncian explícitamente de antemano sus políticas antipopulares de extrema derecha en sus respectivas campañas electorales.


Los datos del Brasil actual


Como se sabe Lula está terminando de ejercer en 2026 su tercer mandato presidencial, y se dice (él lo ha dicho alguna vez) que aspira a un cuarto período.

En esos tres mandatos incluso los números de fuentes extranjeras apuntan que hubo significativas mejorías de los sectores más pobres del Brasil en las áreas de alimentación y vivienda, en el acceso a la salud pública y gratuita, e, incluso, en el acceso a los estudios universitarios.

En ese contexto muchos observadores podrían esperar números muy favorables a Lula en caso de que dispute un cuarto mandato presidencial a fines de 2026, ya que la enorme mayoría de la población brasileña se compone de personas que no son ricas, y que ni siquiera pertenecen a la llamada “clase media”.

Mas la encuesta de Datafolha divulgada el 10 de abril de 2026 reveló que en la primera vuelta de la elección presidencial de octubre de 2026 Lula tendría el 39 % de los votos, Flavio Bolsonaro (hijo del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro) el 35%, Ronaldo Caiado (histórico líder latifundista de extrema derecha, que apoyó y apoya al expresidente Jair Bolsonaro) el 5%, y Romeu Zema (gran empresario y Gobernador de Minas Gerais, que apoyó y apoya al expresidente Jair Bolsonaro) un 4 %. (El resto se distribuye en, respectivamente un 2% que votaría a otro candidato, un 1% votaría a otros dos candidatos, y hay un 10% de votos en “ninguno o nulo/en-blanco”, y un 4% de “no sabe”).

Mas en la segunda vuelta de noviembre de 2026, si los candidatos fueran ambos, Flavio Bolsonaro aparece con 46 % de las preferencias y Lula con 45%, lo que configura un empate casi perfecto. Nótese que en toda esa encuesta el margen de error es de un 2% para más o para menos (en una franja total del 4%). Y que en ese escenario de segunda vuelta hay un 11 % de “ninguno/nulo/blanco” y un 2% de “no sabe”.

Pero lo que también llama la atención es el hecho de que si en la segunda vuelta no estuviera Flavio Bolsonaro, la encuesta revela que los otros dos candidatos anti-Lula de extrema derecha mejor ranqueados en la primera vuelta, saltarían disputando con Lula (que en ambos casos mantendría el 45%), desde sus respectivos y magros 5% y 4% de la primera vuelta, hasta, respectivamente, un 42 % (Caiado), y también un 42% (Zema).

Así en ambos casos hay un empate técnico, dado el margen de error del 2% para más o para menos de cada porcentaje. (Y se repetiría además en ambos casos un 11% de “ninguno/nulo/blanco”, y un 2% de “no sabe”).

Lo que revelan esos números es que basta que un candidato de extrema derecha se plante en la segunda vuelta ante Lula, para empatar técnicamente con él en ese pleito. O sea, revelan que el “factor anti-Lula” es preponderante en la política electoral brasileña actual (tanto como lo es, dentro del llamado “campo progresista”, el “factor Lula”, ya que hay consenso en ese campo acerca del hecho de que ningún otro candidato que lo represente electoralmente cosecharía el apoyo logrado por Lula).

Rima todo eso con la circunstancia de que según esa misma encuesta el rechazo a Lula es del 48%, a Flavio Bolsonaro del 46%, a Zema del 17 % y a Caiado del 16%.

Ante esos datos, repetimos, lo que pretendemos en este texto es esbozar algunas hipótesis acerca de por qué en los pleitos electorales mucha gente pobre (incluso tras haber sido beneficiada por gobiernos llamados “progresistas” como los de Lula) vota por aquellos que habrán de penalizarla, incluso cuando éstos anuncian explícitamente de antemano sus políticas antipopulares en sus respectivas campañas electorales de extrema derecha (como ocurrió con Milei en Argentina).

En ese intento abordaremos en lo que sigue conjeturas que van desde lo religioso hasta lo psicológico, pasando por las dependencias clientelistas, y las carencias y errores del llamado “progresismo”.


La hipótesis del factor religioso manipulado por la extrema derecha: el caso de Brasil


Según los datos divulgados en junio de 2025 por el IBGE (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística), relativos al Censo Nacional de 2022, había entonces en Brasil un 26,9 % de evangélicos (unos 47,7 millones de personas), y un 56,7% de católicos.

Ahora bien desde hace muchos años (y en especial después de 2013) el bolsonarismo y la extrema derecha han hecho campañas políticas sistemáticas en muchas de las Iglesias evangélicas, transformando sus cultos en actos partidarios donde se dan indicaciones explicitas sobre a quién votar y a quién no.

Para tanto se esgrimen posiciones y supuestos argumentos de distinto tipo:


La oposición entre creyentes religiosos y ateos.


Aquí la extrema derecha divulga la idea (en especial entre los evangélicos) de que los comunistas y socialistas son ateos (y por tanto inmorales), mientras que “nosotros” somos cristianos (y por tanto, morales). Hay que notar que en esa contraposición incluyen como enemigo a Lula, quien ha dicho siempre que es católico, y también, respondiendo a preguntas, ha rehuido más de una vez a pronunciarse sobre el comunismo y/o el socialismo. (De hecho su política económico-social consiste en tratar de ayudar a los más pobres, sin superar nunca los límites del capitalismo, a tal punto de que en sus gobiernos siempre han hecho fortunas los banqueros, los latifundistas del agronegocio y los grandes empresarios).


Los “valores conservadores”


La extrema derecha divulga la idea (en especial entre los evangélicos) de que defiende “la familia”, y por ello se opone a las prácticas homosexuales, al feminismo y al aborto, y a l@s polític@s que l@s amparan/favorecen.

En relación a “la familia” queda claro que la extrema derecha defiende la vieja familia patriarcal, con sumisión de la mujer y los hijos al pater familia autoritario. Parece que lo cambios de la revuelta juvenil de 1968 y las reivindicaciones feministas vinculadas y/o derivadas de la misma, no han llegado a oídos del bolsonarismo. Nótese que según el IBGE las mujeres representan hoy entre el 44% y el 48% de las personas ocupadas en labores extra-domiciliares en Brasil, y que así resulta por lo menos anacrónico defender aquella vieja familia cuando casi la mitad de los hogares cuentan para sobrevivir con ingresos aportados por el trabajo realizado por mujeres, fuera de su hogar.

En relación a la oposición a los homosexuales (y a categorías de género como l@s trans, bi, etc.) la extrema derecha recurre a la Biblia. Pero así como desde la superación de las guerras entre católicos y protestantes en Europa, y la posterior separación entre la Iglesia y el Estado, se consideró que la creencia religiosa es asunto del dominio privado donde cabe a cada uno elegir (incluso por el ateísmo), así también en la esfera de alcance de la llamada “cultura occidental” ha ganado fuerza la idea de que también la sexualidad es asunto de la esfera privada y no cabe ni al Estado ni a ninguna Religión dictar pautas obligatorias a cada persona (que es, se define y/o tiene derecho a elegir como le plazca en ese terreno). Hay que decir que en esa resistencia bolsonarista los evangélicos de extrema derecha no están solos, pues les hacen compañía no pocos católicos (e incluso gente de otras creencias religiosas, y también algunos ateos).

En relación a la posición anti-aborto (vinculada a la defensa de la “familia tradicional” y la oposición a las relaciones homosexuales), la contraposición esgrimida por la extrema derecha se basa en el hecho de que los gobiernos de Lula han dado pasos hacia la descriminalización del aborto y la promoción de políticas públicas para que las mujeres que optan por practicarlo puedan hacerlo en condiciones mínimas de salubridad y amparo. Omite la derecha enfrentar la realidad concreta en la que las mujeres ricas abortan en las mejores condiciones, mientras que las pobres se ven obligadas a hacerlo, por falta de recursos materiales, en las condiciones más insalubres y peligrosas. (Y la derecha no acepta las políticas inclusivas respecto a l@s homosexuales).

Por nuestra parte ya hemos manifestado que, en función de nuestra deducción de las tres normas fundamentales de la Ética, como consideramos violatoria de la segunda de aquellas normas la decisión de quitarle la vida a alguien sin contar con su consentimiento, así como viola la tercera norma la agresión mortal a la salud de cualquier ser humano (y de la naturaleza no humana), en perspectiva ecomunitarista somos contrarios al aborto como derecho generalizado. Hemos dicho que si el embrión y feto humano no pueden aún decidir, tienen la base genética de todas las estructuras para hacerlo en el futuro, pero eso le es negado por el aborto; afirmo que desde que se descifró el Genoma humano, se acabó la discusión acerca de si un embrión o feto es o no específicamente humano antes de tantas o cuantas semanas, pues lo es desde el momento en el que un espermatozoide humano fecunda a un óvulo humano. Y también dijimos que así como no nos gusta que pudieran haber prescindido de nuestra vida sin consultarnos cuando estábamos en el vientre de nuestra madre, no creemos éticamente legítimo el hecho de que se prescinda del mismo modo de la vida de nadie.

Ahora, si por mi parte soy contrario a la criminalización del aborto (que incluso lleva a veces a la mujer que aborta a cumplir penas que pueden incluir la prisión), considero que la violación de aquellas dos normas podría justificarse solo en determinados casos de aborto; por ejemplo, cuando haya habido embarazo causado por una violación, o cuando peligre la vida de la embarazada, o cuando el feto carezca de cerebro, condenado al niño a una vida no plenamente humana. Excluidas esas situaciones la perspectiva ecomunitarista defiende: a) una permanente educación y entrega de medios anticonceptivos concretos en tiempo oportuno para evitar los casos de embarazos en la pubertad y en la adolescencia, y en especial de aquellos no deseados, b) una gran ayuda material y de apoyo multimodal a la joven que queda embarazada queriéndolo o no (salvo en el ya citado caso de violación), para que tenga su hijo y pueda criarlo en las mejores condiciones personales, familiares y sociales posibles.

Hechas todas esas ponderaciones no podemos concluir este apartado sin dejar de consignar que en varios países de Nuestramérica, y con mucha fuerza en Brasil, las Iglesias Evangélicas manipuladas por la ultraderecha son dueñas de medios masivos de comunicación (como Tvs y radios), aumentando muchísimo así su poder de influencia en la sociedad en general; y además, gracias a esa influencia, logran hacer elegir a muchos gobernantes a nivel local, estadual y a veces nacional, así como numerosas bancadas parlamentarias en esos tres niveles, y también logran instalar jueces desde la jurisdicción local hasta la Suprema Corte de Justicia. Y todas esas personas representan antes que nada a las posiciones y los intereses de tales Iglesias (por ejemplo, en materia de exención de impuestos y otras ventajas financieras y/o empresariales).


El “orden” y la “seguridad”


Como diversas encuestan muestran (no solo en Brasil sino también en otros países de Nuestramérica) que la principal preocupación de la ciudadanía es la seguridad, amenazada por asaltos, robos, tiroteos (muchas veces vinculados el narcotráfico), invasión o expulsión de viviendas, y/o secuestros, la extrema derecha (y en especial en Brasil el bolsonarismo) ha desplegado en la sociedad en general y en especial entre los evangélicos una campaña en la que se presenta como “enemiga de los bandidos”, y presenta a los “progresistas” (y en especial a Lula, en Brasil), como amigos o por lo menos condescendientes con los “bandidos”. Y la extrema derecha intenta legitimar esa aseveración haciendo una oposición implícita a los Derechos Humanos, pues dice que el “progresismo” al defenderlos (por lo menos en teoría, agregamos), de hecho favorece a los bandidos (pues se opone a los excesos policiales y militares). Cabe recordar que ya la dictadura argentina instalada en 1976, para oponerse a los Derechos Humanos decía “nosotros somos los humanos y derechos”; la extrema derecha actual identifica aquel “nosotros” con los “ciudadanos de bien”; y al mismo tiempo mira con arrobo hacia las super-cárceles de Bukele. Ahora bien, éstas (como las cárceles del actual Brasil, Uruguay, etc.) aprisionan a gente que en su casi totalidad es pobre. Porque la extrema derecha vuelca el odio popular hacia los vecinos de los barios pobres, pero no apunta sus cañones más pesados contra el gran Crimen Organizado. En Rio de Janeiro, por ejemplo, hace décadas que se conoce a los dueños de la lotería ilegal (el “Jogo do Bicho”), que incluso son patrocinadores de equipos de fútbol y/o de Escolas de Samba, sin que sean mayormente importunados por la ultraderecha (que apoyan); y en relación al narcotráfico, la extrema derecha apunta contra los pequeños traficantes del barrio, pero no contra los magnates que están apoltronados en los Bancos que lavan el dinero sucio, y/o los “empresarios legales” que lo usan en negocios capitalistas permitidos; en Brasil, por ejemplo, en compañías de distribución de combustible, o en empresas de ómnibus ¨legales”, como se descubrió recientemente durante el actual gobierno de Lula. Esto último muestra que ha habido intentos de Lula de combatir la matriz financiera y legal del gran narcotráfico. Pero es un hecho que NINGÙN gobierno del Brasil de los últimos 40 años (incluyendo el del ultraderechista Jair Bolsonaro, de quien se dice que tiene cómplices en el crimen organizado), ha logrado revertir el avance del control criminal sobre regiones enteras del país, en especial de las grandes ciudades (como ocurre, por ejemplo, entre varias otras, en Rio de Janeiro y São Paulo).

Por nuestra parte hemos presentado las ideas ecomunitaristas básicas sobre Seguridad Ciudadana y Defensa en sendos escritos en español y en portugués (ver en español https://www.aporrea.org/internacionales/a346366.html y en portugués en https://doi.org/10.58942/rqs.v6n2.202520 ); nuestras tesis incluyen la idea de que la superación del crimen organizado y la delincuencia barrial generalizada, solo será posible yendo más allá del capitalismo con rumbo ecomunitarista.

La esfera geopolítica. El apoyo con base supuestamente religiosa a Netanyahu y al Estado de Israel, y el apoyo-sumisión a EEUU


Un artículo reciente muestra cómo la ultraderecha europea pasó del antisemitismo feroz que la llevó a apoyar a Hitler, a un sionismo militante en favor del gobierno y del actual Estado de Israel. Los fundamentos de ese cambio son su odio a los migrantes, en especial a los de culto musulmán, y su defensa de la “pureza cristiana” de Europa, que estaría siendo amenazada por la “invasión musulmana” (también resistida por el Estado de Israel).

El bolsonarismo y la ultraderecha brasileña han diseminado entre los evangélicos (y la sociedad en general) la idea de que su apoyo a Israel tiene fundamentos religiosos. Revisando en internet los motivos invocados se registra: a) argumento de que el Estado de Israel es previsto y querido por la Biblia, en la medida en que allí la existencia de ese Estado anuncia el Apocalipsis y la segunda venida de Cristo, b) la idea de que ese Estado se funda en “valores conservadores” (haciendo caso omiso de disposiciones benévolas existentes allí en relación a los homosexuales y al aborto!!!), y, c) la idea de que apoyar a Israel hace parte de la “Teología de la Prosperidad”, en la medida en que quien practique ese apoyo querido por la Biblia obtendrá bendiciones materiales para sí mismo y su familia (y el país, Brasil).

Lula, por su parte (Brasil tiene una comunidad árabe y palestina muy numerosa, y también tiene una menos numerosa pero muy organizada y pudiente comunidad judía, hegemonizada por el sionismo) en el contexto de su defensa de la diplomacia de paz y del multilateralismo y del no intervencionismo, apoya soluciones negociadas en Medio Oriente (defendiendo la existencia lado a lado de Israel y del Estado palestino), y en el mundo en general. En función de esas políticas Lula es atacado por la ultraderecha (que inocula ese ataque a sus seguidores dentro de las Iglesias evangélicas).

Al mismo tiempo de su apoyo a Netanyahu y al gobierno de Israel, el bolsonarismo ha inculcado en los evangélicos que influencia y en sus seguidores en general la sumisión ante EEUU. Bolsonaro llegó a cuadrarse militarmente ante la bandera de EEUU en un acto público sin que nadie se lo exigiera. La tesis es de que el gobierno de los EEUU (y en especial el de Trump) defiende los mismos “valores conservadores y anticomunistas” del bolsonarismo, y apoya al actual gobierno de Israel.

Lula, por su parte, en el contexto de su defensa del multilateralismo, se resiste a esa sumisión total y promueve los BRICS y una política de buenas relaciones con todo el mundo. Y esas posiciones atraen la ira de la familia Bolsonaro y la extrema derecha (especialmente en los medios evangélicos, bajo su influencia), que proclaman una total adhesión a las políticas e Trump y del gobierno de Israel.

Por nuestra parte hemos reiterado (ver por ejemplo López Velasco 2025) que en perspectiva ecomunitarista, en defensa de la soberanía y cooperación solidaria de los pueblos, nos oponemos al Imperio de los EEUU y a TODOS los imperios presentes, y también a los que eventualmente puedan surgir en el futuro.

Ahora bien, dicho todo lo anterior, como ya se mostró antes, los evangélicos (por más fuerza que el factor anti-Lula tenga entre ellos, incentivado por la extrema derecha) en Brasil solo son el 27 % de la población. Ello significa que hay que buscar otros elementos que arrimen votos populares a los candidatos de la ultraderecha (agrupados en Brasil bajo el poderoso paraguas “anti-Lula”), tratando de explicar el por qué mucha gente pobre vota a verdugos que anuncian de antemano que la castigarán.


La hipótesis del clientelismo


Otra de nuestras hipótesis para explicar el fenómeno que aquí nos ocupa se ha denominado “clientelismo”.


En el trabajo de campo que realizamos en la zona del Uruguay fronteriza con Brasil hace tres décadas para la confección del Atlas Lingüístico Diatópico y Diastrático del Uruguay (ADDU) constatamos: A) Que los peones y sus familias y demás gente pobre de esa zona tenía muy escasos recursos y posibilidades para acceder a la atención sanitaria (a pesar de que Uruguay posee hace muchísimo tiempo un sistema nacional de salud pública gratuita), porque no había instalaciones sanitarias próximas en el campo, porque para ausentarse necesitaba la autorización del patrón, porque no disponía de medios de transporte propios y porque los medios públicos de transporte eran muy deficitarios (y en algún caso, inexistentes); y en esas circunstancias, cuando el patrón (léase en la mayoría de los casos, un estanciero pudiente, a veces latifundista) autorizaba al empleado a trasladarse a la ciudad para cuidar de su salud, no raramente también lo transportaba en un vehículo de su propiedad (auto, camioneta o camión); y así el empleado quedaba debiéndole un favor (que sería dispensable si el Estado supliera su necesidad), a cambio del cual posteriormente votaría a quien el patrón indicase; y esa deuda se ampliaba con servicios similares prestados por el patrón a familiares del empleado, reforzándose así el circuito favor-deuda-voto. B) Tal circuito también se establecía con otros favores prestados al empleado por el patrón o su capataz, como los de traerle de la ciudad un remedio o una encomienda, o realizar allí algún trámite de interés del empleado (favores que, repetimos, no serían necesarios si el Estado supliera esas necesidades).

Como resultado de esa relación clientelista de dependencia del empleado hacia el patrón los votos del primero van a parar a los indicados por el segundo, que, obviamente, representan los intereses del rico patrón, y no del pobre empleado, a quien sus políticas castigarán.

Hemos constatado que esa relación clientelista y su consecuencia en la esfera político-electoral también se dan en contextos urbanos. Así el político de extrema derecha que sirve a los intereses del Capital ganará votos de gente pobre a cambio de algún material para su vivienda, alguna consulta conseguida con un especialista médico, algún trámite realizado ante un abogado, cuando no, directamente, mediante una suma de dinero que compra el sufragio (vendido para subsanar alguna carencia crónica, que el ingreso personal y familiar no logra resolver). En el caso de Brasil la extrema derecha hace funcionar ese mecanismo directamente en el contacto con los necesitados, como también a través de la red de Iglesias (en especial, evangélicas) que controla.

Creemos muy posible que ese mecanismo clientelista funcione también en otros países de Nuestramérica, provocando al resultado que tratamos de explicar.


Una hipótesis psicológica


Ya en 1941 Erich Fromm trató de explicar mediante la categoría de “mentalidad autoritaria” en su libro “El miedo a la libertad” el gran apoyo popular recibido por Hitler. Básicamente dijo Fromm que hay una estructura psicológica sadomasoquista mediante la cual muchas personas tratan de escapar a su falta de poder real, a la angustia y a la soledad, apoyando a líderes autoritarios; así (y sobre todo cuando se ven rodeadas por la inseguridad), se someten a un líder carismático que aparece como poderoso (y que de hecho se torna tal al recibir el apoyo de millones).

Creo que esa explicación se aplica al caso de la sociedad brasileña (y de otras de Nuestramérica), profundamente marcada por la pobreza, la gran desigualdad y las frustraciones que ambas causan en mucha gente, y la criminalidad que se adueñó de muchos espacios, constituyéndose en un Estado paralelo. Pues en esas circunstancias se genera el caldo de cultivo para el apoyo de much@s pobres (víctimas de la pequeña, mediana y gran criminalidad) a un candidato que como Jair Bolsonaro diga que “el bandido bueno es el bandido muerto”, y en actos públicos haga los gestos del que dispara un arma.

Ahora bien, Fromm lo sabía y hoy lo reafirmamos, que si existen esas multitudes que se someten al líder autoritario, también son muchísimos quienes lo combaten en nombre de la libertad, la solidaridad y la justicia social, y que atacan las raíces sociales de la criminalidad; que será erradicada, agregamos, (por lo menos casi completamente, con la salvedad de casos aislados de origen psicopático), en el Ecomunitarismo; no en vano entre los primeros presos de los campos de concentración nazis estuvieron los comunistas y los socialistas (antes mismo de los judíos, gitanos u homosexuales).

También en el terreno psicológico, una Psicóloga argentina, hace poco y para tratar de explicar el apoyo popular recibido por Milei (conste que en abril de 2026 el rechazo hacia ese personaje ya llega al 65% según las encuestas), dijo que lo malo que tiene la gente adentro, como el egoísmo indiferente y/o violento hacia los otros, en especial cuando son más débiles, y que no se atreve a expresar personalmente, lo traduce en apoyo al líder que dice en voz alta aquellos sentimientos y pensamientos egoístas-violentos. Esa explicación me hace pensar en la “sombra”, teorizada por Jung como una figura del inconsciente.

Ahora bien, el reparo y complemento que le hago a esa hipótesis de la psicóloga argentina es que, si cada uno de nosotros tiene una “sombra” egoísta, no es menos verdad que muchos millones de seres humanos dan cada día y en las más diversas circunstancias pruebas de su dedicación solidaria para ayudar al prójimo; ello se constata desde la tarea cotidiana de las enfermeras, hasta la acción de los muchísimos voluntarios que se hacen presentes para ayudar a las víctimas en casos de guerra o de catástrofes llamadas “naturales”. En esos comportamientos se apoya la apuesta ecomunitarista a la construcción de un orden poscapitalista comunitario-ambiental en el que los seres humanos se reconcilien libremente entre sí (aboliendo las clases antagónicas) y se reconcilien con el resto de la naturaleza (amándola y cuidándola en la preservación y regeneración permanente, como la Pachamama que es); así se habrán hecho realidad cotidiana las tres normas fundamentales de la Ética.


Otra hipótesis de base socio-psicológica


Es notorio que en capitalismo actual se ha establecido un culto admirativo hacia “los ricos y famosos”, endiosados por las películas, muchos programas de TVs y/o radios, y a través de las llamadas redes sociales.

Esa gente es presentada como las personas que son o llegaron a “ser alguien”, y por ello son modelos para admirar e imitar. Cuando el actual “rico y famoso” nació en una cuna pobre, el capitalismo redobla su prédica, mostrando a través de esos ejemplos contados con los dedos de la mano que (como lo afirma la “Teología de la Prosperidad”) quien trabaja sin descanso y es ayudado por Dios, puede elevarse hacia ese círculo de elegidos; se refuerza así la sumisión del pobre a la lógica del Capital, haciéndolo soñar con una ascensión imposible para la casi totalidad de su clase, hasta ese círculo en el cual el capitalismo reserva lugares solo para una pequeña minoría. (Los números divulgados por OXFAM en 2026 revelan, por ejemplo, que los super-ricos esconden 3,55 billones de dólares en paraísos offshore libres de todo control e impuesto, y que tan solo el 0,01 % de la población mundial acumula 1,77 billones de dólares en tales sitios; en el caso de México esa riqueza offshore es estimada en casi 60 mil millones de dólares, de los cuales el 0,1 más rico de los mexicanos concentra cerca de 40 mil millones, y el 0,01 % acumula aproximadamente 30 mil millones, y ese volumen equivale a casi el 65% del patrimonio total de la mitad más pobre de la población mexicana).

Ahora bien, nuestra hipótesis es que, como producto de la propaganda e ilusión de ascenso vendida a los pobres por/en el culto a los “ricos y famosos” (culto que también profesa la Teología de la Prosperidad), muchos pobres se identifican por admiración/envidia/ilusión de ascenso con ese círculo y votan en uno de sus representantes, soñando con poder un día hacerle compañía en su paraíso; ello puede ocurrir con aquellos pobres que apoyan a millonarios como lo es, por ejemplo en Brasil, Ronaldo Caiado (gran latifundista que fue Gobernador del Estado de Goiás).


La hipótesis del “empresario exitoso”


Se combina con la anterior la hipótesis “del empresario exitoso”. La ultraderecha (y la derecha) vende la idea de que un empresario que ha tenido éxito en su actividad como capitalista, tiene la receta para resolver los problemas del país y de la gente. El arraigo de esa idea en la llamada “opinión pública” (que desde los años 1960 sabemos con Habermas que no es ni “pública” ni “opinión”) cuenta con un mecanismo psicológico, que es el de la depreciación (e incluso auto-depreciación) del no-capitalista, y en especial del trabajador manual; la misma (incluyendo el caso de la auto-depreciación) consiste en la idea inculcada de que el no capitalista no tiene capacidades para gobernar; y ese prejuicio cobra tal fuerza que incluso muchas trabajadoras y trabajadores la adoptan, al punto de que, por ejemplo en Brasil, ven a Lula como a alguien inculto e incapaz para tomar las riendas del país, cuando ya lo ha hecho durante once años!!! sin que el país se hundiera, y, por el contrario, haya provocado algunas mejoras en la vida de muchísimos miembros de las clases populares. Mas muchos de ellos optan por votar al “empresario exitoso” (como lo son Caiado y Zema).

Pero además hay que notar que el gobierno de una empresa en el contexto del modo de vida capitalista difiere del gobierno de un Estado/país. Por ejemplo, porque mientras en el espacio de su empresa el capitalista puede ejercer poderes (casi) dictatoriales, decidiendo a su antojo, por más moldeado que sea un país/Estado capitalista a los intereses generales de la clase capitalista, suele haber en dicho Estado/país una cantidad de reglas, en especial las relativas a conquistas sociales obtenidas por las clases populares en años/décadas anteriores, que el capitalista/Presidente no puede simplemente borrar a su antojo de un plumazo, so pena de desatar una revuelta popular que podría comprometer los intereses generales de la clase capitalista (y encaminar una transformación hacia un modo de vida poscapitalista, que bien pudiera tener perspectiva ecomunitarista); y algo similar sucede con otras tantas reglas de convivencia social establecida en cada país/Estado capitalista. Aún así much@s pobres votan al “empresario exitoso”.


La hipótesis de las carencias y errores del “progresismo”


No voy a abordar aquí las carencias de fondo de los gobiernos llamados “progresistas”, cuando se piensa en una superación del capitalismo.

Hace años Frei Betto dijo que las políticas sociales de los gobiernos de Lula habían creado nuevos consumidores, pero no ciudadanos. Por mi parte postulo en perspectiva ecomunitarista la emergencia del individuo comunitario-cósmico-universal, inmune al consumismo y comprometido con una vida de frugalidad ecológica libremente asumida, a la luz de la aplicación del Principio Rector del Ecomunitarismo recordado al inicio de estas líneas.

Ahora ya en 2018 publiqué un artículo (ver https://www.aporrea.org/ideologia/a272300.html) en el que decía que parecía paradojal el hecho de que: a) la ultraderecha (concretamente Bolsonaro), aliada a veces al Crimen Organizado, hiciera la prédica “anti-sistema”, denunciando “todo lo que está ahí”, o sea el conjunto de robos y malversaciones de lo politiqueros y jueces que controlan la burocracia estatal capitalista (a veces en complicidad con el Crimen Organizado, que también sirve como ejército irregular para reprimir a líderes y movimientos anticapitalistas), o haciendo oídos sordos ante los sufrimientos de la población pobre entregada a muchas carencias materiales y a la pequeña criminalidad cotidiana, b) al tiempo en que el llamado “progresismo”, so pretexto de defender “la democracia” (que ya había dejado de criticar como democracia capitalista) en contra del autoritarismo de la extrema derecha, se amoldase tan bien al sistema capitalista que lo representase (al menos como parte), participase en manifiestos casos de corrupción y robo, y/o cerrase los ojos hacia la inseguridad ciudadana padecida por los pobres en el capitalismo, al no poner nunca ese tema como una prioridad en sus programas y sus acciones de gobierno (local, estadual y nacional).

Y como también se constata una decepción popular en relación a los gobiernos “progresistas” respecto de ciertas reformas progresivas esperadas al interior del modo de vida capitalista, grandes contingentes populares vuelcan sus votos hacia la extrema derecha, que hace de la seguridad ciudadana y una supuesta moralidad pública ejes centrales de sus campañas electorales. (A pesar de que, como se sabe, en los gobiernos de la extrema derecha los flagelos citados son iguales o aún mayores que bajo gobiernos “progresistas”). Esa decepción es parte de la explicación del hecho de que a un Alberto Fernández suceda un Milei en Argentina, y a un Boric suceda un Kast en Chile.

Como otro ejemplo de esa decepción ante las carencias y errores del llamado “progresismo”, cabe citar que en marzo de 2026, muchos de los votantes frenteamplistas que habían llevado a Yamandú Orsi a la presidencia de Uruguay en las elecciones de fines de 2024, opinan que su gobierno estaba siendo “demasiado tibio” en relación al anterior gobierno de derecha y a la situación del país (y del mundo); o sea que lo juzgaban muy insuficiente en función de los cambios y posturas que sin duda esos electores esperaban (tanto en política interna como en política internacional).


A modo de conclusión muy provisoria sobre las hipótesis planteadas


A la espera de las críticas, correcciones y/o complementos que nos ayuden a avanzar en la explicación del fenómeno aquí analizado, esperamos que nuestras hipótesis sirvan de algún auxilio y que no se pierdan en el olvido.


Esbozo telegráfico de algunas contra-medidas


En muchos de nuestros libros y artículos ya hemos presentado las directrices generales (que, obviamente, deben ser especificadas y detalladas en cada país) que muestran por qué y cómo el Ecomunitarismo (en sus múltiples dimensiones interconectadas) es la superación y contracara de esas carencias y errores “progresistas”, que al acumularse y repetirse en su adaptación al capitalismo, arrimaron y arriman muchísimos votos populares a los candidatos de la extrema derecha. Basta al lector leer nuestras obras (ver al menos la bibliografía que consta al final de este texto). En esos escritos trazamos el perfil de cada una de las dimensiones interconectadas que componen el Ecomunitarismo

Aquí nos limitamos a bocetar algunas contra-medidas referentes a las otras hipótesis explicativas del voto de la gente pobre a favor de sus peores verdugos, antes planteadas en estas líneas.

En lo que sigue abordaremos primero las contra-medidas en el terreno de lo que podríamos llamar “hipótesis profanas”, para ocuparnos después de las “hipótesis religiosas” (en especial, evangélicas).


En relación al “capitalista-Presidente”


Además de lo que ya anotamos antes, habrá que hacer notar al pueblo en una paciente y larga actividad educativa que lo que se debe plantear para lograr el Buen Vivir ecomunitarista es (como lo llegó a decir el primer Ministro del Trabajo que tuvo Mitterrand a inicios de los años 1980, y esa tesis le costó el cargo) que de lo que se trata es de que “la ciudadanía atraviese los portones de la fábrica”; o sea, de que cada persona sea decididora de su destino no solo en la esfera barrial y política, sino también en la actividad económica; y para ello, agregamos, se impone establecer la economía ecológica y sin patrones propuesta por el Ecomunitarismo (en el que la actividad económica se organiza comunitariamente y/o en base a cooperativas, y en la que las grandes empresas estratégicas están bajo orientación y control correctivo del conjunto de las ciudadanía, y en las que sus dirigentes son elect@s y rotan según la decisión de las-los productoras-es y de la ciudadanía a la que atienden).


En relación a la tentación de “los ricos y famosos”


Habrá que hacer notar al pueblo en una paciente y larga actividad educativa apoyada en números, que los que logran llegar a esa cima partiendo del barro son solo una pequeñísima minoría (hay un solo Henry Ford, o en Brasil un solo Silvio Santos), mientras que en el capitalismo la inmensa mayoría tendrá vetado ese acceso (al igual que sus sucesores a lo largo de generaciones). Y así de lo que se trata es de acabar con la división entre ricos y pobres, implementando el Principio Rector del Ecomunitarismo que reza: “De cada un@ según sus capacidades, y a cada un@ según sus necesidades, respetando los equilibrios ecológicos y la interculturalidad”.

Y sobre la “fama” el futuro dirá si habrá de permanecer como tentación, y a quién y cómo cabrá adjudicársela en base a la Ética.

Esbozo de contra-medidas relativas a las hipótesis religiosas (en especial, respecto a las Iglesias evangélicas controladas por la ultraderecha)

En este terreno las contra-medidas se inscriben en el paciente, larguísimo y respetuoso diálogo tendiente a la superación de la alienación religiosa como tal (ver en relación a ese tema nuestros cinco breves textos sobre la cuestión religiosa en López Velasco 2024).

Ahora, aquí podemos adelantar algunas ideas que agregan elementos a los ya presentados en este texto.

Parece evidente que en países donde hay separación entre el Estado y las Iglesias, es urgente revisar algunos privilegios de los que gozan éstas, en especial en el área económico-financiera, para que, como mínimo contribuyan al erario público destinado a las políticas sociales. También habrá que revisar la legislación que permite que Iglesias sean dueñas de grandes medios de comunicación (TVs y radios, en especial), que refuerzan considerablemente el poder de su prédica manipuladora, incluso más allá de los límites de su feligresía. Y también la legislación puede poner límites al uso partidario-electoral de los cultos en las Iglesias, ni más ni menos que como ya ocurre con las reglas que impiden la propaganda partidario-electoral en los establecimientos públicos de educación.

El conjunto de esas medidas, si no liquida, por lo menos podrá menguar el enorme poder de manipulación política del que la ultraderecha goza a través de las Iglesias (en especial las evangélicas).

En relación a las posiciones geopolíticas cabe cuestionar ante el pueblo la procedencia de la sumisión al poder imperial (en especial de EEUU), cuando ello significa ni más ni menos que la renuncia a la independencia (al menos relativa) conseguida en Nuestramérica a lo largo del siglo XIX. Y el pueblo entiende muy bien el mensaje que consiste en decir que así como nadie considera correcto que un vecino más poderoso quiera imponer lo que cada familia debe hacer en su propia casa, no es digno que un país entregue los rumbos de sus destinos en manos de una potencia imperial. La consigna anti-imperialista es: “Independencia y Soberanía, aunadas a la construcción de una Nuestramérica ecomunitarista integrada solidariamente y con voz propia en el escenario mundial”.

En relación a la identificación con las políticas del gobierno de Israel, cabe hacer notar al pueblo que los propios judíos ultraortodoxos (incluyendo a los que viven en el actual Estado de Israel) consideran que el Antiguo Testamento considera legítima la creación de un Estado bíblico solo cuando ocurra la venida del Mesías (cosa que, según ellos, aún no ha ocurrido). Ese argumento basta para mostrar la debilidad bíblica del sionismo y deslegitimar las políticas expansionistas y responsables por masacres de árabes y palestinos implementadas por el gobierno de Netanyahu (y de muchos gobiernos de Israel desde 1948). Ya hemos dicho en perspectiva ecomunitarista (también oponiéndonos a cualquier tipo de terrorismo), que para aquella región del Medio Oriente defendemos (mientras existan Estados) la creación de un Estado laico plurinacional en el que convivan armónica y solidariamente, con respeto mutuo, los ateos y l@s creyentes de las religiones judía, musulmana y cristiana (y de cualquier otro credo).

Con respecto a la presunta superioridad moral de los creyentes en relación a los ateos, recordamos que la propuesta ecomunitarista reposa en la superación de la Moral por la Ética, y en especial se apoya en las tres normas fundamentales de la misma, que, repetimos, nos dictan una muy digna lucha para garantizar nuestra libertad individual de decisión, para realizar dicha libertad en la búsqueda de consensos con l@s demás, y para preservar-regenerar permanentemente la salud de la naturaleza humana y no humana.

Y en lo que respecta a la supuesta superioridad de los “valores conservadores”, la propuesta ecomunitarista invita a una discusión caso a caso sobre cada uno de esos supuestos “valores”. En ese contexto, como ya se dijo, coincidimos desde nuestro enfoque especial con la no justificación indiscriminada del aborto, pero nos oponemos, entre otras posturas llamadas “conservadoras” a la “mentalidad autoritaria” (ya denunciada por Fromm en “El miedo a la libertad”), que se expresa, por ejemplo, en el culto y sumisión al líder dictatorial, en la defensa de la familia patriarcal-autoritaria que oprime a la mujer y l@s hij@s, y/o en el machismo que inferioriza y sojuzga a la mujer y discrimina a l@s homosexuales.


Bibliografía mínima


Sirio López Velasco, Filosofía Ecomunitarista aplicada (vol. 2), Ed. Quero Saber, Toledo (PR, Brasil), 2024, disponible gratuitamente en https://doi.org/10.58942/eqs.108

- - Decálogo, Manifiesto y Compendio Ecomunitarista, Ed. Fi. Porto Alegre, 2025, gratuitamente disponible en https://www.editorafi.org/ebook/c054-decalogo-manifiesto-compendio-ecomunitarista

- - “Fundamentos de la Ética y superación de la Moral en perspectiva ecomunitarista”, en Aporrea, Caracas, 2026, 20 pp., en https://www.aporrea.org/ideologia/a351336.html


Infografia creada con IA.

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