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BREVE BALANCE A 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE

Escrito por José de la Fuente


Síntesis

Conversatorio con el Consejo Universitario de UNA-Costa Rica

Profesor Dr. José Alberto de la Fuente, Universidad de Santiago de Chile.

4 de octubre de 2023

 

 

BREVE BALANCE A 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE

 

 

 

1.     Datos históricos ineludibles y consecuencias

 

El tema propuesto, sin duda nos remite a la historia. No solo nos habla del balance de un medio siglo atiborrado de congojas populares y controversias políticas, sino que nos interpela como si fuera un presente del pasado inmediato que convoca a los chilenos a mirar el futuro con una sensibilidad utópica y realista, obligándonos a hurgar, con consciencia crítica y un mínimo de sentido común, las ideas y los procesos ideológicos y el desarrollo de Occidente desde la Revolución francesa en adelante, especialmente el fenómeno de la Comuna de Paris. El contexto de este derrotero es la hegemonía del capitalismo productivo-industrial en su avance hacia el capitalismo imperialista y del gran capital transnacional y mercantil, que se ha transformado en marcas que poseen más poder que los mismos Estados.

Chile, como el resto de los países de América Latina, se zafa del imperialismo colonialista español, francés, inglés y portugués, etc., y hacia las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, es cercado y hecho prisionero del imperialismo norteamericano y del inglés (la gran minería salitrera del norte. La Unidad Popular y el protagonismo de Salvador Allende (1908-1973), orientan sus esfuerzos liberadores y reivindicativos de sus pertenencias territoriales y culturales, organizando a los trabajadores y al pueblo en sus luchas y sueños en torno a su identidad. El siglo XIX, en el interior del país, gobernado por la oligarquía minera y terrateniente, conservadora y predominantemente católica mercantil, sufre una serie de guerras civiles y fronterizas, culminando el siglo con el suicidio del presidente Balmaceda y el triunfo de la canalla dorada inspirada en la ideología del empresario más poderoso de Chile, la encarnación misma del poder de la oligarquía y comercio marítimo, el ministro Diego Portales (1793), quien en 1837 es asesinado por sus subalternos por su indignante crueldad. Durante el siglo XX, se fue produciendo un paulatino crecimiento y desarrollo de la organización y consciencia popular. El primer evento luctuoso lo produjeron ganaderos de la Patagonia, quemando en la hoguera, dentro de su sede sindical a dirigentes portuarios y laneros, en el pueblo costero de Puerto Natales; luego, el imperialismo inglés, en 1907 acomete con la matanza de obreros salitreros en la escuela Santa María de Iquique. Entre 1810 y 1970, en Chile se han producido 23 sublevaciones militares. Para mí, estos sucesos son la antesala histórico-social que auguraba el camino de la resistencia y de la dignidad de un pueblo que se niega al tutelaje, a la usurpación y humillación. En la coyuntura de 1930-31, se produce una rebelión popular que origina, durante aproximadamente tres meses, la llamada revolución socialista encabezada por el militar de la Fuerza Aérea Marmaduque Grove, acompañado de un sector de la intelectualidad chilena y el apoyo de los sindicatos. En la década del '50, se instala el protagonismo de Salvador Allende (en el Frente de Acción Popular), quien ingresa a la política como presidente de la Federación de Estudiantes de la principal universidad pública y ministro de Salubridad del presidente Pedro Aguirre Cerda.

 

2.     La organización del movimiento Unidad Popular (UP) a nivel latinoamericano

 

La UP, se constituye y trasciende tempranamente a nivel continental como un movimiento de emancipación y liberación rumbo al socialismo, con el objetivo de sacudirse del yugo imperialista, alcanzar la autonomía política nacional, antiimperialista y antioligárquica a través de la democracia popular y soberana. Esta alternativa se convierte en una amenaza inaceptable para los intereses hegemónicos norteamericanos y muestra la inconsecuencia sobre el concepto de democracia de Abraham Lincoln: “El gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo”.

 

 

3.     Significación de la UP a nivel internacional o mundial

 

Durante el siglo XX, la Unidad Popular fue considerada por la politología como la quinta estrategia política de emancipación para avanzar hacia el socialismo por la vía pacífica, diametralmente diferente a la de la Revolución cubana, utilizando la legislación socialdemócrata, las tradiciones y la honestidad de la burguesía que había implantado, en una confusa coyuntura, la Constitución de 1925, en reemplazo de la portaliana de1833. Allende, socialista, rechazaba la concepción de la dictadura del proletariado vigente desde 1917 en Rusia y confiaba en la madurez cívica de los chilenos y de un ejército “obediente y no deliberante” y un parlamento democrático-representativo de todos los sectores. Esta quinta vía fue el modelo avasallado por el imperialismo yanqui y por la burguesía en el golpe de Estado incivil-militar de 1973.

 

4.     Incidencia de la vía pacífica al socialismo en el contexto de la Guerra Fría

 

La vía pacífica hacia el poscapitalismo (concepto este último que en aquel trance histórico no estaba en el horizonte inmediato para iniciar un cambio civilizador). Todavía la lucha se orientaba dentro del marco de la restringida democracia burguesa, absorbida por las contradicciones del nacionalismo, en países dependientes o neocolonizados, de economía extractivista, que dejaba un margen de maniobra administrativa, electoral y organizacional a los trabajadores y capas medias latinoamericanas. En medio de la Guerra Fría, este modelo ya parecía inadmisible, más aún cuando en América Latina y en África se consolidaban movimientos de liberación. En la cobertura chilena, esta vía pacífica allendista, se fue constituyendo en un complemento de movilizaciones revolucionarias que reducía las maniobras de los populismos, la incubación de la ideología fascista retratada e instalada en las dictaduras militares de Brasil y anticipadamente de otros países de la región

 

5.     La unidad Popular y la disputa ideológica en el interior del país

 

La Unidad Popular pone en jaque al conservadurismo de la oligarquía y de la plutocracia, y de paso, a la ideología socialcristiana encarnada en el poderoso partido conservador de la democracia cristiana, brazo político del Estado Vaticano y tensiona las opciones de la diversidad de integrantes de la masonería, institución a la que pertenecía Allende. A partir de fines de los años '50 y comienzo de los '60, la efervescencia popular y el protagonismo de la juventud universitaria, crece en disponibilidad política y se comienzan a estudiar los signos de los nuevos tiempos, ampliándose la participación de la prensa radial y escrita, las posturas disciplinares y profesionalizantes en Derecho, Sociología, Periodismo analítico, Literatura, Artes, Pedagogías, Medicina, Ingeniería, Filosofía, Antropología y Relaciones Internacionales. Los chilenos dejan de verse como isleños y comienza a incubarse un sentido de pertenencia y a ocupar un protagonismo simbólico en el mundo. Se organiza el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en la ciudad de Concepción, como alternativa a la izquierda aceptada por el orden burgués, con el propósito de canalizar las aspiraciones de obreros y campesinos, del campo y la ciudad, en sintonía con procesos revolucionarios continentales. No más asistencialismo limosnero y caritativo, sino la práctica de un empoderamiento colectivo por el destino común. A inicios de los '60, una de las ´décadas más prolíficas en compromisos e ideas, comienzan a madurar altos niveles de consciencia, de solidaridad y de participación política. A este crecimiento va a contribuir la teología de la liberación promovida por los curas por el socialismo, la consecuencia revolucionaria en artes y política de chilenos como Francisco Bilbao, Elías Lafertte, Pablo de Rokha, Nicomedes Guzmán, Manuel Rojas, Vicente Huidobro, Roberto Matta y otros como el CHE, Camilo Torres y de los movimientos latinoamericanos y africanos.

Desde el punto de vista de las inclinaciones religiosas, el creyente comprometido con el cambio social levantó la consigna “Ya no basta con rezar”; y el pueblo integrado en la Unidad Popular, levantó la consigna “El pueblo, unido, jamás será vencido” y conjuntamente se vocea la del movimiento de la juventud rebelde del mundo: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Comienza a radicalizarse la derecha tradicional, surgen organizaciones fascistas y terroristas. La prensa mercurial retoma sus conductas oligárquicas y el imperio norteamericano diseña estrategias conspirativas con sus espías, diplomáticos, banqueros, mercaderes y esbirros. El ejército chileno no es ajeno a la discusión general. Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva y el apoyo de la Alianza para el Progreso norteamericana, al entrar en vigencia el programa de reformas de la “Revolución en Libertad” socialdemócrata y de la Iglesia católica, la discusión se bifurca en la disyuntiva de los conceptos Reforma o Revolución. En 1970, Allende obtiene una mayoría electoral relativa (38,6%) y el Congreso Nacional debe dirimir entre los candidatos con las dos más altas mayorías: Alessandri, Tomic y Allende, quien finalmente asume el poder político y administrativo como “el compañero presidente”.

 

6.     Hitos y avatares de la Unidad Popular y los actos de lesa humanidad de la dictadura

 

Durante el ejercicio de los mil días de gobierno de la unidad Popular, el conjunto de la sociedad chilena se ve enfrentada al nuevo escenario que instala el pueblo organizado para el cumplimiento de sus demandas; se pone en marcha la conspiración de las empresas de comunicaciones extranjeras (ITT), del Pentágono y del Departamento de Estado Norteamericano, con Nixon, Kissinger y los agentes internos pro-imperialistas como el dueño y director de la prensa mercurial, Agustín Edwards. A mediados del segundo año de gobierno, la ultraderecha inicia sus acciones y atentados; la pequeña burguesía está desconcertada. Sus partidos se dividen o se fusionan. El MIR comienza a tener un rol cualitativamente protagónico bajo la consigna “pueblo, consciencia y fusil” y activa la divisa del “Crear poder popular”, alternativo a la estrategia de la vía pacífica al constatar que el golpe de Estado era inminente y asumir el riesgo de defender los derechos del pueblo. Al interior de la Unidad Popular devienen resquebrajaduras entre los partidos más importantes que apoyan a Allende, el socialista y el comunista; sus vacilaciones se producen en el seno de la persistente disyuntiva de Reforma o Revolución.

Entre los hitos importantes de la Unidad Popular, se nacionaliza el gran patrimonio de la minería; se recuperaron más de diez millones de hectáreas de riego básico (y tierras ociosas) para el campesinado y conjuntamente se inicia una auténtica Reforma Agraria en un territorio cuya extensión era de más de trescientos millones. Se establece una política de inclusión de los pueblos indígenas. Se nacionalizan más de noventa empresas. Se interviene en la salud, la educación y la seguridad social, Se establecen relaciones diplomáticas con todos los países del orbe. Se aumenta la organización de las Juntas de Vecinos, Centros Comunitarios, Cooperativas de vivienda y la juventud adquiere un rol en la reeducación popular, el trabajo voluntario y en el ámbito del desarrollo cultural y artístico. A pesar del bloqueo empresarial interno y externo, la Unidad Popular asume la deuda externa y los científicos sociales estudian el fenómeno único de avanzar hacia el socialismo descartando la revolución armada. Con la Unidad Popular, todos los niños pobres de Chile comenzaron a recibir medio litro de leche en su alimentación cotidiana.

En medio de este escenario, hoy se puede señalar que el intento de la Unidad Popular constituyó una épica de la liberación, frustrada y temporalmente derrotada, y simultáneamente, una tragedia de horror infinito donde el fascismo incivil-militar y la odiosidad del imperio, inmoló a la juventud y trabó los sueños y el crecimiento de las generaciones actuales, nacidas en el áspero camino de negación de los hechos históricos. La dictadura, desde 11 de septiembre de 1973, inicia su tarea refundacional, desmoronando todo lo construido; convierte el aparato de Estado en una carnicería e inicia la venta del patrimonio nacional a los mismos postores que la habían acompañado en la ejecución del golpe. Un dato patético: el promedio de edad de los miles de perseguidos, asesinados, detenidos-desaparecidos, torturados y expulsados al exilio, tenía un promedio de 29,5 años de edad. El proyecto del Estado criminal fue, en primer término, eliminar a la juventud rebelde y a los partidos políticos, apresar, torturar y exterminar a sus dirigentes y militantes carismáticos. Los dirigentes políticos, sindicales y religiosos de mayor carisma e inteligencia sufrieron el asesinato selectivo.  Durante el auge de la persecución, en un país que no alcanzaba a tener alrededor de ocho millones de habitantes y que no representaba más del 4,5% de la población latinoamemericana,  entre los años 1974 y 1980, la junta militar y sus aparatos clandestinos como la DINA Dirección de inteligencia nacional) y la CNI (Central nacional de informaciones), ambas con facultades para detener, torturar, extraer información bajo apremios, confinar y hacer desaparecer a personas, alcanzaron a privar de libertad a más de quinientos mil chilenos, entre los cuales se presume que hay más de cuatro mil ejecuciones de detenidos-desaparecidos, magnicidios selectivos y asesinatos de intelectuales, entre ellos el poeta Pablo Neruda. Todavía no se sabe dónde están los cuerpos de más de 1.300 de ellos, si lanzados al mar, a fosas comunes clandestinas, a hornos crematorios.

 

7.     Una grotesca fechoría de fuerza simbólica, el bombardeo al Palacio de Gobierno

 

El Estado totalitario, basado en el delirio ideológico de la “guerra interna”, obsesivamente anticomunista, nacionalista, restaurador del orden oligárquico y rogando el ingreso del capital financiero internacional, ante la resistencia de Allende y sus colaboradores directos, decide bombardear el Palacio de Gobierno ‒ la Moneda ‒ y, en la refriega, un soldado rompe y lanza a los escombros el texto original del Acta de la Independencia Nacional firmada por el libertador Bernardo O'Higgins, después de concluido el cabildo que da por finalizada la tutela española en el territorio.

En el frontis del Palacio flamean pedazos del pabellón nacional ya convertido en un andrajo, quemado y tiznado por las llamas. Seguramente, en las cabezas de los oficiales golpistas, sonaba coherente la insensata disyuntiva del lema del escudo nacional que reza “Por la razón o la fuerza”, en ese momento el lema convertido en violencia terrorista (con aviones supersónicos e infantería) para intimidar y advertir que no habría vuelta atrás…Este hecho simbólico trascendental se ha convertido en un fantasma para la misma mentalidad legalista de la derecha y el ejército. La dictadura ‒ como lo he señalado en el apartado anterior ‒ a los pocos días de la usurpación del gobierno constituido, comienza a obstaculizar y negar el avance del tejido social democrático, organizacional y productivo popular promovido por la UP.  El territorio nacional que posee su larga faja costera en el océano Pacífico, sus cuencas acuícolas productivas, las tierras de cultivo, la gran minería, las empresas claves para consolidar los planes de alimentación, los ríos y lagos, los planes para el cuidado medioambiental, las políticas de integración, etc., son desmanteladas y entregadas a privados nacionales y extranjeros. El ferrocarril longitudinal que unía a Chile desde Arica hasta el sur continental, miles de kilómetros, también fue desmantelado y vendido como chatarra en prebenda a un sector del gremio de los camioneros a cambio de traspasarle el estratégico negocio del transporte nacional. El ferrocarril aún no ha podido restituirse por completo; los motores petroleros, debido al excesivo flujo de camiones, han generado una inconmensurable fuente de contaminación y atochamiento en las vías principales. La Junta de Gobierno, constituida por cuatro generales, se transforma durante diecisiete años en una especie de “Comité central” del gran partido incivil-militar restaurador, ahora constituido por todas las ramas de las Fuerzas Armadas (especialmente el ejército y la marina de guerra), partido jerarquizado de militancia forzada, bajo el eufemístico concepto de “obediencia debida y no deliberante” ante la jerarquía de los Comandantes en Jefes. A los escasos disidentes se les castigaba con el silencio o se les amenazaba con el fusilamiento. En 1980, en una faramalla de referéndum nacional, los faranduleros de la Junta, acompañados de juristas y empresarios, imponen un nuevo texto constitucional sin registros electorales, donde rige la ideología de un Estado subsidiario en la economía y reducido a la seguridad interior, con el propósito de salvaguardar una pseudo-democracia vigilada, técnica y neoliberal. El brazo del terrorismo se extiende más allá de las fronteras nacionales a través de la Operación Cóndor (1976-1983), organización presidida por Pinochet con la participación de Brasil, Bolivia, Paraguay, Chile y Uruguay. Para mayor conocimiento de este plan de exterminio de la izquierda latinoamericana, remítase el lector al testimonio de quien descubrió y denunció los archivos del terror internacional en 1992, el profesor y abogado Martín Almada, premio alternativo de la Paz en 2002. En este contexto, se instala por la fuerza el neoliberalismo en Chile, país inicialmente convertido en laboratorio del nuevo modelo económico transnacional.

 

8.     Cuándo se inicia y concluye la dictadura en Chile

 

El facto temporal de la dictadura, se prolongó por diecisiete años (EEUU comenzó a conspirar en contra de la democracia chilena en 1967). La sospechosa “vuelta a la democracia”, en 1990, fue negociada con los representantes de la socialdemocracia, las vacilaciones y temores de la izquierda y demás sectores democráticos hastiados de vigilancia, soplonajes, arbitrariedades, impunidades y persecuciones. Esta negociación ocurrió después que Pinochet perdiera su plebiscito en 1988 para seguir en el poder. El pueblo fue a votar y le dijo ¡NO! El dictador corrió este riesgo porque estaba convencido de que gobernaría y que se legitimaría en el poder por más años que su admirado Francisco Franco.

Después de este resultado electoral, es elegido el político democratacristiano Patricio Aylwin (1918-2016), con un 55,2 % de los votos.  Recordemos que antes del golpe de 1973, en su calidad de ex presidente del senado, Aylwin se inclina por la espuria salida política del golpe de Estado, declara que “prefiere la dictadura militar a seguir bajo el régimen de la Unidad Popular”; al ser elegido, Aylwin recibe la banda presidencial de manos de Pinochet, quien en ese entonces ostentaba la presidencia, pero recordemos que el dictador nunca fue elegido presidente. Aylwin, se compromete a realizar “justicia en la medida de lo posible”, lo cual prolongó la presencia de Pinochet por veinticinco años en calidad de Comandante en Jefe del Ejército, Senador vitalicio y hasta que fallece en 2006, después de haber estado preso en Londres entre octubre de 1998 y octubre de 1999[1]. Pinochet sigue parapetado en el poder, hostigando y amenazando con “boinazos”. Esto que comienza a parecerse a los personajes y motivos de la obra Tartufo (1669) de la comedia de Moliére, paulatinamente irá permitiendo la reconstitución de ciertos derechos ciudadanos con las limitaciones y candados de la constitución impuesto por Pinochet. La dictadura deja de regir formalmente en 1990, pero se mantiene vigente en los enclaves políticos del binominalismo, de la entronización del neoliberalismo (que será administrado por los partidos de la “Concertación por la democracia”, la peor debilidad y ceguera cometida por la socialdemocracia), de la falta de libertad de prensa, de la mantención de un código laboral que no protege los derechos de negociación de los trabajadores; de una educación que privilegia la privatización del sistema en desmedro de la calidad y apoyo económico a las instituciones públicas, incluidas las universidades; se restringen las relaciones diplomáticas, etc. A base del concepto de “justicia en la medida de lo posible”, Aylwin gestiona la denuncia de 3.550 crímenes de lesa humanidad a través de las páginas del Informe Rettig (1991), evacuado por la Comisión de Verdad y Reconciliación para esclarecer las violaciones de los derechos Humanos; este informe fue el primer libro donde se evidenció la barbarie de la dictadura. En 2004, el gobierno de Ricardo Lagos, evacuará un otro informe sobre la planificación de la prisión política y tortura, denominado Comisión Moseñor SergioValech I (reconoce a 40.018, de los cuales 3.065 muertos o desaparecidos); en 2011, aparece un segundo Valech (reconoce 9.795 sobrevivientes).

 

9.     Prolongación de la dictadura en la democracia tutelada por la constitución de 1980

 

En el derrotero de los hechos más sustantivos del quehacer político, económico, cultural, histórico y ético, la dictadura en Chile continúa veladamente, ejerciendo sus granjerías a cincuenta años del golpe de Estado. La derecha y el capital transnacional sigue usufructuando del jugoso dominio económico, captura el patrimonio nacional, comunicacional, cultural, educacional y restricción a los salarios, distribución del ingreso y derechos en salud y seguridad social, escudada en el principio de subsidiaridad que le provee la constitución de 1980 al mercantilismo neoliberal. La industria editorial se encuentra semiparalizada, lo que incide en la difusión de la literatura y del conocimiento por la carestía y restricción al número de las tiradas de los libros. En un país cuyos ciudadanos dejan de leer, se deja de pensar.  Las reformas o parches a esta constitución han sido cosméticas, tangenciales, no han cambiado la estructura del modelo jurídico-político.

Las nuevas generaciones de jóvenes entre los 35 y 50 años, no han sido capaces de erradicar el modus operandi de la dictadura y menos han podido resituar utopías. Estos jóvenes no son totalmente responsables. La estrategia de la dictadura, basada en el terror, en el miedo a la desaparición, en el pensamiento único solapado tras la machacona propaganda subliminal contra la política y los políticos, especialmente sobre quienes se toman en serio las teorías y las posibilidades de situar las ideas en nuevos horizontes, ha llevado a la desconfianza, a la incertidumbre y a la confusión sobre lo que vuelve a interpelar a la libertad de soñar para construir una comunidad diferente. La lógica del individualismo, la falsa competencia entre iguales, la falta de conversaciones y de la academia atomizada, ha conformado una antropología unidimensional, egoísta, centrada en el pragmatismo del modelo. La democracia tutelada por el neoliberalismo, protegido por la guardia pretoriana de la anarquía del lucro mercantil, ha retrasado el conocimiento del pasado, eventualmente proyectado como fuente de conocimiento y alumbramiento de un nuevo porvenir. El ingenioso juego del binominalismo, opción aritmética de proporciones electorales arbitrarias según el número de partidos que se reparten los bloques de oposición y oficialismo, rotándose los gobiernos entre la derecha y la pseudo izquierda que asimila el modelo, han promovido la restricción del avance democratizador, sosteniendo el statuo-quo de un parlamento ‒ evaluado sistemáticamente como un pudridero de ideas, de bajisima probidad y desprestigiado ante los ojos del ciudadano común ‒, y regido por el empate político, se dilata hasta el sopor en la “democracia de los “acuerdos”, sin alcanzar consensos de equidad ni soluciones a las demandas populares.

Desde que la impunidad se lleva al dictador al cementerio, la ciudadanía ha concurrido a las urnas en ocho periodos presidenciales y se han elegido seis presidentes, repitiéndose en el cargo Bachelet y Piñera. La participación cívica se ha convertido en un rito electoral casi vacío de ideas que no marcan diferencias para abandonar el neoliberalismo; se escucha decir que “todo es más de lo mismo”. Esta alternancia de rostros en la administración del aparato de Estado, impide la continuidad de los gobiernos y aborta algunas de sus acertadas propuestas electorales en favor del pueblo. Pero quienes efectivamente han gobernado el legado de la dictadura, han sido un puñado muy reducido de familias ricas y de empresas transnacionales amparadas por los tratados de libre comercio (25); mientras tanto, Chile ha aumentado sus zonas de sacrificio o depredación de diversos territorios productivos (18); la discriminación del Wallmapu o exclusión del pueblo mapuche y pueblos ancestrales (quienes viven en estado de excepción permanente vigilados por el ejército). Durante los últimos quince años, se ha extendido la anomia social, agudizada por el narcotráfico internacional, el crimen, la usurpación, la corrupción de los políticos que reciben coimas de empresas estratégicas y el descrédito de los gestores públicos. El mayor problema urbano es la inseguridad y el acoso a los barrios por robos, asaltos y secuestros. A cuatro años transcurridos de la rebelión social del 18 de octubre de 2019 (“estallido social”), la movilización más masiva, popular y nacional que se haya producido en muchas décadas, ninguna de sus demandas políticas, sociales, económicas, salariales, éticas y culturales han sido escuchadas ni satisfechas. Se han vuelto a conculcar Derechos Humanos. Los intentos por sustituir la constitución de la dictadura han sido vanos; por el contrario, se sigue negando el derecho a la soberanía para canalizar una instancia democrática, constituyente y amplia, que convoque al pueblo a realizar ejercicios de democracia directa[2]. El pueblo chileno se siente humillado, desconcertado, confuso, escéptico, desconfiado, ensimismado, amenazado por el negacionismo del sector neofascista, fragmentado y sometido al monopolio comunicacional sin acceso a prensa alternativa. En 1972, la pobreza alcanzaba el 14%. En 1989, un 48%. Al llegar el año 2020, supera el 60%. A pesar de esta evidencia, los defensores del modelo lo califican de “milagro neoliberal”. Chile es el país con la peor distribución de ingreso y la más baja productividad, según parámetros de la OCDE. El parlamento, recién en 2022, acuerda rebajar la jornada de trabajo de 45 a 40 horas semanales.

¿Qué depara el futuro en el contexto del embrollo mundial y de la atomización de América Latina? ¿Cómo cicatrizar las heridas de consciencia que provocó el golpe de Estado dirigido por oligarcas, recuperar la confianza, revalidar el rol de la política y reemplazar el miedo por relaciones sociales de acercamiento y colaboración? ¿Cómo reparar el trauma dejado por esta herida de consciencia sin la participación directa del pueblo en decisiones democráticas? El doloroso impacto que han sufrido pueblos con experiencia similares, ha deformado la sensibilidad de captación de lo real, al extremo que la consciencia pierde su idoneidad y no puede comprender normalmente lo que ocurre en el tiempo y en el espacio. El desprecio excluyente e individualista por restaurar la convivencialidad ha provocado una negación del sentido común en un amplio sector de las capas medias, de élites intelectuales, de los trabajadores, de la marginalidad e incluso de un sector de la clase alta, sumidos y atascados en la desintegración del tejido social. Este fenómeno socio-existencial, político y territorial, lo ha descrito Sergei Kurgenyan[3], científico, dramaturgo y político ruso del movimiento Esencia en el Tiempo, a propósito del acontecimiento geopolítico más importante del siglo XX al disolverse la Unión Soviética y cancelar los sueños del humanismo socialista. Las heridas de consciencia se han prolongado demasiado tiempo; sin rehabilitación, los pueblos sobreviven aturdidos y escépticos.  

Con esta hecatombe social y mental provocada a la izquierda chilena, se fractura la identidad cultural, se derrumba la utopía y el avance integrador de los ideales populares; comienza a regir el artificio mercantil del neoliberalismo, conformando una sociedad amnésica, anómica, dineraria, angustiada y ansiosa, con un serio vacío ideológico y teórico (de la izquierda melancólica anclada en el lastre del dolor y la desolación) producido por el desprestigio de la política como palanca para iniciar la marcha de una sociedad más integrada y participativa. Se descalifica, se oculta o se invalida de antemano el paradigma del proyecto colectivo, dimensión de lo comunitario que estaba inscrito en la mentalidad de la mayoría de la población. El intercambio comunicativo se oscurece con el “apagón cultural” y la quema de libros; la sordina expresiva reemplaza a la comunicación espontánea y en voz alta, por el miedo a ser delatado, por pensar diferente o ser disidente al régimen (se instaura “soplonaje”).

Esta herida, después de cincuenta años, aún no cicatriza del todo. El futuro aparece como salto al vacío, dictaminado por republicanos energúmenos de derecha; al pasado, los esbirros de la dictadura y los negacionistas de la historia, lo evalúan como si fuera una tradición fallida que debe ser olvidada. La idea de refundar la nación, el militarismo la identificó con las siguientes consignas desde los primeros años del régimen: “1810-1973”, tratando de insinuar que, entre ambas fechas, no hay nada sustantivo, que los chilenos vegetaron, durante ese lapso de casi dos siglos, en el anonimato de una ilusión. Y la otra consigna es “En cada chileno, un soldado; en cada soldado, un chileno”, la diversidad de un pueblo reducida al ideal del sujeto único, integrante de la sociedad-ejército, uniformada y obediente a la jerarquía castrense. La fracción filantrópica de la clase dominante, abandonó a los vasallos que habían criado a sus hijos, a los inquilinos que le habían labrado la tierra y cortó los afectos que se habían cultivado en tiempos de acogida. La catástrofe victoriosa de la revolución incivil-militar, hoy se aprecia como el suceso más luctuoso del pueblo chileno: trastorno de su identidad, exaltación de la codicia, dispersión y negación de valores, menoscabo permanente de las ideas divergentes. Entre más demora la rehabilitación de la democracia de todos, hay más riesgos de naturalizar la degradación y quedar al margen de la redención social. En efecto, al interior del país, silenciamiento; hacia afuera, migración forzada y prolongación del brazo represivo con asesinatos selectivos a quienes combatían desde el exilio. El golpe de Estado fue un proceso inédito de traición, cobardía moral, conspiración fascista, vergüenza nacional, negación del concepto republicano de nación que propiciaba la misma derecha.  

 

 

10.    ¿De qué manera me interpela este balance para superar la derrota?

 

El peso de la memoria, del horror infinito, el modo de haber sobrevivido en el dinámico huracán de la recomposición de nuestra identidad cultural, la decadencia del modelo liberal en su fase globalizadora imperialista, no nos puede paralizar.

A quienes amamos la vida e intentamos la democracia de todos, debemos actuar para que las futuras generaciones superen la mendicidad de la sociedad de clases, las mediaciones mercantiles, la insatisfacción de las necesidades, la libertad individual y se embarquen en la posibilidad antropológica de una humanidad integrada, intercultural, solidaria, sensible a los signos de los tiempos y abierta a las conversaciones espontáneas, proactivas y estéticas. Se escucha decir que la Unidad Popular fue el fracaso de una cosa rara o extraña para la ciencia política en boga, no entendiendo que la derecha frente a disyuntivas cruciales para sus intereses, nunca ha sido democrática; su brazo armado siempre ha sido reserva de fuerza para su continuidad en el poder. Si se hubiese gestado e incurrido en desaciertos insolubles que anticipaban el despeñadero del proyecto popular, tendríamos que aceptar que el siglo XX fue inútil para el desarrollo de la consciencia social del movimiento obrero y campesino. La plutocracia y el imperialismo, se anticiparon a defenestrar el proyecto porque en sus cálculos sabían que, si eran desplazados del poder, la mística, el protagonismo de la justicia y la disposición al cambio no les permitiría volver a salvaguardar sus granjerías. La unidad Popular no fue un fracaso; fue derrotada anticipadamente por poderes fácticos capitalistas y bloqueada por los intereses unipolares usamericanos. No se puede confundir fracaso con derrota y frustración. Es imposible medir y valorar una gestión sin haberla dejado concluir. Ni ayer ni hoy el golpe tiene alguna justificación. La salida política se discutió anticipadamente con los principales responsables, antes del 11 de septiembre, y se acordó una propuesta concreta. El mando militar la sabía. Si los pronósticos de los mercaderes sobre el eventual fracaso del proyecto de la Unidad Popular, desde su andamiaje inicial ‒ como lo he refutado más arriba ‒, venía con signos de desmoronamiento prematuro, desde ese primer día la derecha habría evitado el golpe, habría dejado que cayera por sus propios errores, sabía que no valdría la pena teñirse las manos con sangre. Al poco andar se dieron cuenta que, a pesar de los errores, bloqueos y una infraestructura subdesarrollada, la vía pacífica al socialismo iba por buen camino para ser exitosa, entonces iniciaron la conspiración para evitar este ejemplo en América Latina. En Chile, el siglo XIX fue de guerras civiles; el siglo XX fue un ejercicio de avances y retrocesos de la clase obrera y del pueblo en tiempos de muchísimo analfabetismo. El porvenir de las aspiraciones populares, se oscurecía con la guerra civil de 1891, la matanza de obreros salitreros en 1907 y otras masacres como la matanza en las oficinas del Seguro Obrero. Estos luctuosos conflictos son la antesala histórico-social del desarrollo de la consciencia política, de una memoria dolorida, de la creación de organizaciones como los partidos socialista y comunista, las mancomunales y el anarquismo revolucionario.

Salvador Allende es el político práctico que supo encauzar, con perseverancia y entusiasmo, la sensibilidad de las mayorías dentro de los restringidos moldes socialdemócratas de la constitución de 1925. Siendo adolescente no aprendió el socialismo en el silabario; sus primeros libros fueron los testimonios de obreros manuales y portuarios de Valparaíso. El Frente de Acción Popular da paso a la Unidad Popular, al imaginario socialista. Este balance debe interpelar a nuestra consciencia crítica, en retrospectiva y perspectiva, acercando el lente y hurgando en los factores, hechos, debilidades, aciertos y desaciertos del comportamiento de la izquierda y de la situación real en que la dirección política fue enfrentando las sucesivas coyunturas, fundamentalmente, las posibilidades reales de la vía pacífica dentro del contexto y márgenes que permitía la legislación burguesa y el imperialismo.

Esta era la utopía de Allende y de la izquierda tradicional, la vía chilena al socialismo que se puede nombrar de diferentes maneras: vía constitucional, quinta vía chilena al socialismo, vía parlamentaria, vía democrática popular, vía no armada o no insurreccional. En 1944, Allende pronuncia un discurso en el teatro Caupolicán de Santiago titulado Hay que impedir el golpe contra Chile; la convocatoria era por la importancia de las elecciones municipales. Estaba convencido de que Chile sería la primera nación de la tierra llamada a conformar el modelo de transición a la sociedad socialista por la vía pacífica. El 2 de noviembre de 1972, se reúne con estudiantes mexicanos en la Universidad de Guadalajara. Entonces justifica su realismo político; exhorta a los jóvenes a asumir sus deberes intelectuales[4]. Salvador Allende seguirá siendo “la nostalgia de la esperanza”[5].

En lo que viene, después de esta conmemoración de uno de los gobiernos más porveniristas de la historia de Chile, debemos sopesar su legado, pensar y pensarnos fuera del molde capitalista, de su lógica mercantil neoliberal y de la   globalización desintegradora de la solidaridad mundial. Debemos tener muy claro que el país no puede seguir convertido en una factoría del poder neocolonial que solo importa a los banqueros en la letra chica de los tratados de comercio.

El nuevo horizonte por el cual debemos luchar es el poscapitalista, razonado en la filosofía política Ecomunitarista, donde la variable ecológica, la política y la ética de la liberación son fundamentales para la sustentabilidad planetaria y el Buen Vivir. Del legado de Allende[6] no podemos olvidar: su voluntad política en clave socialista. Analizar a fondo qué nos quiso decir al ser elegido: ‒ “yo soy el compañero presidente” ‒. Adecuar la educación a los requerimientos de la ciencia y las artes. Capacitar en el uso de herramientas teóricas y prácticas para interpretar la realidad.  Entender la importancia de la exigente unidad política y estratégica de la izquierda para que no vuelva a ocurrir que la prédica de unidad ‒ que aglutinó al pueblo chileno en una alianza revolucionaria‒ llegue nuevamente a parecerse más a una dualidad contradictoria de partidos que a una lucha común para enfrentar al enemigo de clase. Sigue vigente su divisa: “pan, justicia y libertad”. El pueblo nunca dejó de estar unido en el proyecto. Los desacuerdos teóricos y los análisis parciales de las coyunturas, solían confundir y perder el horizonte. El debate (que quedó) inconcluso entre Reforma y Revolución, debería haberse anticipado a la puesta en práctica del gobierno popular. El día del bombardeo al palacio de Gobierno, en uno de sus discursos de despedida, Allende manifestó su decepción, especialmente por la traición de militares y renuncio de muchos que se declaraban respetuosos de la democracia, quienes hasta la noche anterior habían sido sus colaboradores directos o muy comprometidos con el estado de derecho. Su legado de consecuencia ética es un ejemplo para el mundo. Minutos antes de morir, combatiendo y preocupado de no sacrificar al pueblo en una contienda tan desigual, dijo y cumplió con su palabra: “Pago con mi vida la lealtad del pueblo”, pero el grado de criminalidad del régimen militar, justificado en el artificio de su guerra interna, no tuvo límites. El proyecto de la Unidad Popular seguirá vigente en nuevas formas de movilización y de integración intercultural… porque su origen está en la raíz del comunitarismo, de la solidaridad, de la política para crecer juntos hombres y mujeres, intelectuales y trabajadores manuales.

 

11.    El denuedo de la UP no ha sido en vano, ahora conversemos de Ecomunitarismo

 

En primer lugar, valoremos y sopesemos, en el contexto de la formación de América Latina, la trascendencia que han tenido los procesos de independencia para liberarnos del colonialismo; luego, transcurridos doscientos años, volvamos a resituar nuestras lecturas sobre el neocolonialismo y las luchas regionales en contra de los amos del mundo que vienen nuevamente a usurpar nuestros territorios.

Los ejemplos de resistencia revolucionaria son variados y heroicos. La Unidad Popular propuso la alternativa de la vía pacífica de acuerdo a las condiciones de la democracia liberal, burguesa y católica. Desde 1925, Chile va dejando atrás “el peso de la noche” y se convierte en una democracia parlamentaria, socialdemócrata, legalista, con una constitución en funcionamiento, con sufragio universal, canalizador de las ideas a través del sufragio, los partidos y soluciones relativamente pacíficas de los conflictos, pero esta superestructura de país desarrollado (dentro del capitalismo) no se compadeció con su infraestructura subdesarrollada y dependiente, aislado y lejano, con fuerzas productivas incipientes y un proletariado que recién comenzaba a empoderarse de su destino. Retomar la experiencia de la Unidad Popular, de esta alianza transversal de voluntades y esperanzas, es una labor impostergable; es casi un acto de lesa humanidad continuar negándonos a escuchar nuestro pasado. No se puede vivir sin soñar, sin despertar la consciencia política de la juventud, sin volver a los libros, al trabajo voluntario en ayuda de los más pobres y marginados. La juventud prisionera del narcotráfico, del crimen organizado, convertida en secuestradores y ladrones, en comerciantes de drogas, en perdidos en la inopia del neoliberalismo, no saldrá de su abatimiento con más leyes represivas, policías, hospitales, cárceles, allanamientos y detenciones. Nuevas y fraternas relaciones sociales son posibles. El Ecomunitarismo es una filosofía política que el pueblo en sus barrios, juntas de vecinos, centros comunitarios, municipios, clubes deportivos, organizaciones escolares, sindicatos, cooperativas, etc., de manera experiencial y cotidiana, desarrolla su convivencia inclusiva y de interés común, pero desgraciadamente, el individualismo imperante parapetado detrás del celular y las necesidades inventadas, la falta de oportunidades y la discriminación entre iguales, distorsiona los resultados y se impone una lógica alienante que aturde y distorsiona su sentido.

Ante el conflicto civilizador en que vivimos, el Ecomunitarismo es un adelantado razonar que asume la urgente transformación del mundo, la democracia directa de todos y todas. Busca establecer un nuevo orden medioambiental. En esta filosofía política, la libertad individual, la naturaleza humana, no humana y el desarrollo de la capacidad de razonar/argumentar basada en la gramática profunda de la ética ecomunitarista, facilita el consenso y pone en movimiento a la libertad como consciencia de la necesidad, la cual obliga a luchar por la realización de nuestra libertad individual de decisión dentro de la comunidad. A partir de esta proyección de la condición humana en democrática, cobra mayor sentido el principio que reza “a cada uno/a según sus necesidades, de cada uno/a según sus cualidades”. Esta filosofía comienza a operar en el seno de la comunidad y de los espacios o territorios liberados del tutelaje de la competencia capitalista como reguladora del mercado, de las relaciones humanas y de su lógica individualista. La democracia directa opera a través de la acción y participación, basada en mecanismos de los representantes que deben “mandar obedeciendo”, cabildos, plebiscitos, referendos, asambleas constituyentes soberanas y reglamentos revocatorios de los elegidos en las instancias de representación. Por medio de estas instancias de decisión, el Ecomunitarismo opera como paradigma emancipatorio, que en el capitalismo siempre se verá restringido por las promesas ilusorias del libre mercado capitalista.

En efecto, el Ecomunitarismo, Sirio López Velasco, lo define como “el orden utópico poscapitalista (nunca alcanzable, pero indispensable horizonte histórico, guía de la acción), capaz de articularse a base de tres normas éticas y de mantenerse, mediante la postura de los seres humanos, en actitud de liberación”. El horizonte utópico poscapitalista es un sueño o la sustitución de la vida sometida y padecida en la producción alienada del capitalismo, a base de instancias y acciones que promueven la plena realización de cada ser humano en la interacción consciente a través del contacto efectivo con las comunidades de vida. En este horizonte, la comunidad, en sus distintos niveles (planetarios, nacionales, regionales, provinciales, laborales y vecinales), se encuentra compartiendo sin opresores ni oprimidos, viviendo en plenitud y respeto con la naturaleza humana y no humana (simetría ecológica, cuidado medioambiental).

La ética de la liberación o ecomunitarista, está constituida por una gramática basada en cuasi razonamientos causales que se activa en la integración dialéctica de tres normas, a saber: 1) de la libertad individual de decisión, 2) del consenso a través de la discusión argumentativa y 3) de la naturaleza (sana para el cuerpo, el trabajo y la producción). Esta ética razona a partir de la pregunta ¿Qué debo/debemos hacer? A partir del legado de la Unidad Popular, poniendo en juego cada una de estas normas. De este modo se activa el operador lógico condicional (de felicidad) de la pregunta instaurada en ¿Qué debo/debemos hacer? en los lustros venideros. Se trata de una ética no dogmática. En sus dimensiones abarca una economía ecológica y sin patrones, una educación ambiental formal e informal problematizadora; dentro de esta educación, una erótica que incluya lo sexual libertario y facilite el cultivo del amor y del libre placer compartido (rechazo al machismo y a la homofobia), integrando la educación física fuera del deporte competitivo y crematístico; una política democrática (que en su primera instancia facilite el socialismo), una política comunicacional horizontal y simétrica. No más latifundio, oligopolios o duopolios mediáticos de cualquier tipo de prensa. Una estética de la liberación, fundamento de la libertad de expresión, de libre circulación de las expresiones artísticas y del desarrollo de la capacidad de lectura como base del pensar.

Uno de los caminos para iniciar acciones ecomunitarias, a nivel de territorios integrados a municipios es el Comunalismo que se debe recuperar en la transición hacia la democracia directa en la etapa socialista. Reinsertar en las aulas de todos los niveles, los contenidos de las siguientes disciplinas, un verdadero sueño del cambio curricular, especialmente en la formación de maestros: la historia de las ideas, la filosofía intercultural, la ética de la liberación, la literatura general y nacional, las ciencias libres de censura y manipulación. Lo que viene es una disyuntiva crucial. La madre del universo terrestre ya no resiste más el daño ecológico, la exclusión discriminadora por color de piel, condición social, modos de pensar y dominio mercantil. Los chilenos queremos superar la amarga experiencia dictatorial y la parálisis neoliberal. El horizonte utópico del Ecomunitarismo está operando en la pedagogía de los sueños posibles de Paulo Freire y en la decencia del buen pensar.

 

Referencias


- Salvador Allende, obras escogidas (1988): Quiroga, compilador. Vol I. Chile, Ediciones IEC-LAR.

- Arrate, Jorge (2008): Allende, sueño o proyecto. Santiago, Lom ediciones.

- Amorós, Mario (2019): Pinochet, biografía militar y política. Santiago, Penguin Random House, grupo editorial.

- Allende, Salvador (1993): Un Estado democrático y soberano: mi propuesta a los chilenos (texto póstumo). España, Edición del Centro de Estudios Políticos Simón Bolívar y de la Fundación Presidente Allende.

- Austin, Robert; Salém, Joana; Canibilo, Vivian (2020): La vía chilena al socialismo 50 años después, Vol. I. Santiago. Edita Consejo latinoamericano de ciencias sociales (CLACSO).                                                        

- Le Monde Diplomatique, edición especial 50 años (septiembre de 2023): Con Allende en el corazón. Garzón, Baltazar; Debray, Régis; Castillo, Carmen; Garretón, Manuel, et al. Santiago, año XXIV, número 254, 31 páginas.

- Da Freitas da Silva, Claudinei Aparecido, coordinador (2023) Filosofía Ecomunitarista aplicada, Vol. I. Brasil, Editorial Fi.

- De la Fuente, José; Salas, Ricardo, coordinadores (2021): Introducción al Ecomunitarismo y a la educación ambiental (lectura chilena de la obra de Sirio López Velasco). Santiago, Ariadna ediciones.

- Kornbluh, Peter (2023): Pinochet desclasificado. Los archivos secretos de Estados Unidos sobre Chile. Santiago, Editorial Catalonia (trad.  de David León Gómez).

- Labarca, Eduardo (2023): Chile al rojo, los secretos de la llegada de Salvador Allende a La Moneda. Santiago, Editorial Catalonia.

- Martínez Menanteau, Ricardo, Comandante en jefe del ejército (2023): Un ejército de todos. Santiago, edita/distribuye, JC Sáez Editor.

- Pinto, Julio; Naranjo, Pedro; Ahumada, Mauricio y Garcés, Mario, organizadores (2004): Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile (discursos y documentos del MIR). Santiago, Editorial Lom y CEME (Centro de estudios Miguel Enríquez)

- Quintero, Haroldo (2023): 1) ¿Quién fue realmente Jaime Guzmán Errázuriz? 2) Las revoluciones también son de derecha 3) A 50 años del golpe de Estado del 11/8/73, artículos publicados en las revistas digitales “La Estaca” (editada por PP Bórquez y revista “Tarapaqueña” editada por Luis Espinoza, además del semanario “Sur Andino”, edición cero, editado por Anyelina Rojas. 

- Roitman Rosenmann, Marcos (2013): Tiempos de oscuridad, historia de los golpes de Estado en América Latina. Madrid, ediciones Akal.

- Touraine, Alain (2020): Vida y muerte del Chile popular. Santiago, Editorial de la universidad de Santiago de Chile (USACH) (de editions du Seuil, 1973). (trad. Daniela Ortúzar Kuntsmann)


NOTAS AL FINAL:


[1] El Juez Baltazar Garzón, acusa a Pinochet de genocidio, torturas y terrorismo en el marco de la Operación Cóndor. “Aquel hito de la jurisdicción penal universal modificó el guion de la transición chilena y se convirtió en una batalla jurídica y política extraordinaria. El 8 de octubre de 1999, finalmente, la justicia británica ordena su extradición a España y solo la confabulación de los gobiernos de Eduardo Frei, Tony Blair y José María Aznar le libró de un juicio en Madrid”. Pinochet, biografía militar y política (2019). Mario Amorós. Santiago, grupo Editorial Penguin Random House, página 782.

[2] El próximo 17 de diciembre, el registro electoral convoca a otro intento para que el parlamento presente a la ciudadanía un segundo nuevo texto constitucional. Aprovechando las debilidades de la socialdemocracia y de la izquierda emergente, el Partido Republicano, de ultraderecha, utilizando su mayoría circunstancial, ha aprobado un texto más decadente que la constitución de la dictadura. De acuerdo a las encuestas y al clima de malestar, es muy probable que sea rechazado.

[3] Cf: htpps://rossaprimavera.ru/video/afb341fb. Sergei Yervandovich Kurginyan (1949). La clase dominante abandonó a la población, pero aún es posible la revolución desde arriba (y comentarios). Kurginyan es un Intelectual controvertido. Dice que para dar pasos adelante hay que situarse en algún lugar. El siglo XXI, para él, es una danza de sombras posmodernas; se declara defensor de la estética del teatro, de la cultura y del discurso psicoanalítico. Después del desplome soviético insiste en la restauración de la estatidad.

[4] Cf. Salvador Allende, obras escogidas (1988). Quiroga, compilador, IEC-LAR. Vol. I. Páginas 195 y 269-297.

[5] Jorge Arrate (2008): Allende, sueño o proyecto. Lom ediciones

[6] “La muerte de Allende ha sido simplificada como el fin de la vía pacífica. La revolución pacífica como algo imposible. Maldito sea el continente que tiene una revolución en sus entrañas y no la puede dar a luz, ni por los votos ni por las armas. El resultado puede ser un aborto”. Régis Debray en entrevista de Ernesto González Bermejo, “El profeta prudente”. Diario Triunfo, páginas 32-37, s/f.


 

Rec79, CC BY-SA 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0>, via Wikimedia Commons

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