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TRES POEMAS DE LA CALLE MANDELSTAM

Poemas de Jaime Luis Huenún Villa


Hay un libro carcomido por el mar en la memoria de tus ojos. En él ponen sus huevos los albatros que graznan sobre el frío resplandor de las balizas lejanas. Un libro que mancha con palabras el silencio tormentoso de las olas, mientras en tu sueño se deshacen como nubes bajo el sol de mayo los cálidos susurros de la muerte.



Los árboles y los poemas pasarán sin una pizca de pena, sin ni un asomo de gloria, así como pasan ahora las muertas, veloces estrellas en la noche infalible de un desierto polar.



Los trabajos de la muerte son inútiles. Lo prueban los jilgueros que atraviesan ilesos los combates guardando en sus gargantas las palabras que escribimos día y noche para la eternidad. La extinción es terrible y momentánea. Se pierden las gallinas bajo bombas, los hombres en los campos de batalla, los niños en los cuentos horrorosos de sus padres, el amor de las novias tras la cola demente de una estrella fugaz. Pero todo se rehace entre escombros una y otra vez, las palabras sobre todo de susurros y de cánticos, como hongos invencibles en las lenguas del tiempo y el espacio, como alegre maldición entre llanto y carcajadas, en la nube, en la turba, en los bellos e incansables ojos de esa dulce e infinita muerte fiel.



(La calle Mandelstam y otros territorios apócrifos, FCE 2016)


(Foto de Sergio Larraín)

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